De Kamala Harris a Barack Obama: ¿el racismo en manos de Trump?

Por Augusto Álvarez
Desde que la administración de Joe Biden maniobró en el tablero de la sucesión demócrata para abrir paso a la vicepresidenta Kamala Harris, quedó claro que algo se estaba cocinando y que ese movimiento no estaba desconectado del factor racial en la política estadounidense.
Recientemente, circuló un video —retirado casi de inmediato— en el que agitadores cercanos al presidente Donald Trump se referían de manera abiertamente racista al expresidente Barack Obama y a su esposa, comparándolos con simios.
La reacción fue tan rápida y contundente por parte de los medios de comunicación y la opinión pública, que el anuncio provocador tuvo que ser sacado de circulación. La carga racista era imposible de disimular.
Políticamente, el mandatario estadounidense criticó el anuncio, pero no ofreció disculpas, una postura que dejó más preguntas que respuestas.
Sin embargo, los afroamericanos difícilmente olvidarán la tolerancia —explícita o implícita— frente a este tipo de ataques. La huella del racismo asociado a Trump y a su entorno político no se borra con silencios calculados.
De cara a las elecciones de medio término, ese historial pesará en la conciencia de los votantes. A ello se suman otras controversias, como las declaraciones del propio Trump contra Bad Bunny (“El Conejo Malo”) durante el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl, comentarios que también resonaron con fuerza en la comunidad latina.
Así, en noviembre electoral, Donald Trump tendrá de frente a dos bloques decisivos: los afroamericanos y los latinos, ambos con memoria política y capacidad de castigo en las urnas.



