De nuestras gentes en tiempos reales

Por Augusto Álvarez
Aunque suene extraño, en los campos y en los barrios todavía se escuchan palabras y expresiones que sobreviven en el imaginario popular, resistiéndose al paso del tiempo.
En Cristo Rey, un señor observó a una dama que le ofrecía algo. Cuando ella insistió, él respondió: «Cuartos no hay». La mujer, sin perder tiempo, replicó: «Pero sí tenemos habitaciones».
El hombre la miró nuevamente y siguió su camino. Simplemente, ella entendió que se refería a cuartos para dormir, mientras él quería decir que no tenía dinero.
Más adelante, y mirando por el retrovisor de la memoria, un señor que ronda los ochenta años nos contaba que en su época disfrutó de los «borrachos» y también de las «lenguas».
No hablamos de ebrios ni de chismes. Nos referimos al borracho jugoso que los estudiantes compraban durante el recreo, al igual que las famosas lenguas, golosinas que marcaron a varias generaciones.
De aquellos productos escolares, quizás el gofio ha sido el único que logró escapar del exterminio comercial.
¿Y dónde encontrar los demás? Lejos quedaron el guanimo y otras delicias que apenas sobreviven en algunas frituras, donde todavía podría aparecer algún panesico.
Y si viaja al Cibao, ni se le ocurra pedir una media onza de chicharrón con casabe. Esas medidas y costumbres desaparecieron sin dar batalla, llevándose consigo una parte del lenguaje y de las vivencias de nuestros pueblos.



