REFLEXIONES: El mundo sigue cambiando
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola amigos, ¿qué tal? Queramos aceptarlo o no, el mundo sigue cambiando, la gente sigue cambiando, somos hoy el resultado de todo un nuevo plan de vida, intencionado o no.
Tal como lo decía ayer, ya perdimos las sonrisas, pues no se ven, no nos estrechamos las manos, apenas nos abrazamos, estamos pasando a formar parte del mundo de los robots.
Hay quienes jamás han vuelto a bailar, quienes no se atreven a besarse en la boca, enamorados, novios, casados, no importa, muchos han hecho crisis por no saber cómo compartir su amor.
Y aunque en ocasiones desafiamos la muerte, lanzándonos a la vida divertida, las discotecas, lugares de diversiones, celebraciones masivas, han mermado.
Las Iglesias han quedado algo vacías, los grupos de oraciones, comunidades, cursillos, reuniones de grupo, retiros espirituales, celebraciones de fiestas patronales, han tenido que posponerse no sabemos hasta cuándo.
Jamás diré que la fe se ha deteriorado, pienso que la humanidad ha tenido que crecer y descubrir que el cielo está dentro de nosotros, que Dios está a nuestro lado siempre y que somos Templos del Espíritu Santo, como lo dice la Palabra de Dios.
Ha llegado la hora de aprender a contactar a Dios de una manera más personal, de entender que la verdadera comunidad está en casa junto a nuestra pareja y a nuestros hijos.
Hemos aprendido a darle un uso más adecuado a las redes, no solo para educar a nuestros hijos, sino para entender que con solo un clip podemos darle entrada a Dios en nuestros hogares, sintonizando la Santa Misa, escuchando la mejor prédica, descubriendo que no importa la religión o creencia, ahí está Dios, tocando corazones.
Y siendo la vida sacramental indispensable, pienso que de ahora en adelante hemos aprendido a valorarla más, a respetarla mejor y a buscarla con más conciencia, sabiendo que, a través de ella, tenemos mayores posibilidades de sanar y alcanzar el Reino de los Cielos.
Víctor Martínez sabe que muchos, pero muchos, hemos tenido que aprender a vivir en la soledad, sintiéndonos abandonados al enterrar a nuestros familiares fallecidos, sin el abrazo o el consuelo de quienes nos quieren, hemos tenido que pasar horas interminables frente a la pantalla chica por no poder llevar una vida social más activa, nos hacen falta nuestros hermanos de Iglesia, de juegos, de tragos, y cuando hemos osado volver a la normalidad nos sorprende de nuevo la enfermedad y se nos complica la vida, pues en ocasiones hemos tenido que despedir a uno de los nuestros.
Sólo nos resta pensar cual es el bien escondido que hay detrás, aprender a vivir con esta realidad, sin perder la fe, la esperanza y la felicidad que en medio de todo esto, debemos conservar.
Hasta la próxima.




