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Falta de señalización vial es una amenaza constante para conductores y peatones

La ausencia de señales básicas como “PARE”, “CEDA EL PASO” y cruces peatonales sigue provocando accidentes y caos en el tránsito

 

Por Ysidro Hidalgo

-Y 4-

SANTO DOMINGO, R.D.

La falta de señalización vial adecuada en calles y avenidas del Gran Santo Domingo continúa siendo una de las principales causas de accidentes y conflictos en el tránsito.

Señales básicas como las de “PARE”, “CEDA EL PASO”, límites de velocidad, cruces peatonales o direcciones correctas brillan por su ausencia en la mayoría de los sectores, tanto en zonas urbanas como en áreas periféricas.

En municipios como el Distrito Nacional, Santo Domingo Este, Oeste y Norte, la falta de pintura en las vías, semáforos dañados, letreros oxidados o inexistentes, se ha convertido en la norma. A esto se suma el deterioro de la infraestructura vial: hoyos profundos, tapas de alcantarillas faltantes y tramos destruidos, que no solo causan daños a vehículos, sino que provocan accidentes diarios, especialmente de motoristas.

A pesar del grave impacto en la seguridad vial, la señalización parece no estar en la agenda de alcaldes ni directores municipales. Las autoridades locales invierten en obras cosméticas, pero ignoran completamente la urgencia de ordenar el tránsito y prevenir tragedias. La ausencia de planificación urbana y de mantenimiento básico evidencia un descuido inaceptable en una ciudad con millones de habitantes.

En medio de este desorden, los conductores y choferes circulan siempre “a la ofensiva”, asumiendo que tienen la preferencia aunque no sea así. La falta de señales claras alimenta esta cultura del caos: pocos ceden el paso, muchos cruzan intersecciones sin mirar y otros invaden carriles sin precaución, lo que multiplica los riesgos de colisiones.

Ordenar el tránsito no se logra solo con operativos esporádicos o multas. Se necesita una política pública coherente, constante señalización, mantenimiento de las vías y educación vial, desde los gobiernos municipales hasta las instituciones de tránsito. Sin eso, el Gran Santo Domingo seguirá atrapado en una anarquía sobre ruedas.

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