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Las Américas: la puerta de entrada al desastre

Faride, las estadísticas maquilladas y un país a la buena de Dios. La JCE: Dinero para grandes, migajas para chinchorros y una ley que pide bisturí

 

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!Dio Astacio, el hombre que vendió sueños en campaña y hoy reparte frustraciones al por mayor, está siendo noqueado —sin árbitro ni campana— por la basura acumulada y por los cráteres, porque ya no son simples hoyos, que adornan las calles de los barrios.
Eso no es descuido: eso es una vergüenza nacional, escrita en letras grandes y pintadas de azul.

Pero esos cráteres no solo afean. Cuando llueve se convierten en trampas mortales para ciudadanos que transitan por calles de Dios en Santo Domingo Este, como la 24 de Abril en Mendoza. Son barrios huérfanos, sin dolientes, sin quien los defienda ni les tienda una mano. Al final, lo que eran calles terminan siendo lagunas improvisadas.

 Las Américas: la puerta de entrada al desastre

Ahora bien, hablemos claro: ¿Qué vergüenza para un país que cuando un turista o un dominicano ausente sale del Aeropuerto, pues si está lloviendo, pasa la de Caín?En la avenida Las Américas, a pocos metros de entrar a la ciudad, se arma un tapón bíblico por una enorme laguna que se forma en la vía más importante del país. Eso no es mala suerte: eso es incapacidad. Y lo peor: no tenemos ni un Chapulín Colorado que nos defienda.

Las Américas: la puerta de entrada al desastre

En los primeros 20 días del año se reportaron 2,857 robos. Un promedio de 143 diarios. O, si lo quiere más claro: 10 robos por minuto. Faride Raful, esas cifras no cuadran.

Atención país: Si esa cifra —que salió de boca de Faride Raful, ministra de Interior y Policía— no está maquillada, entonces este país, como venimos denunciando a diario, está hecho un desastre en materia de seguridad.Y ojo: eso es solo la punta del iceberg, porque apenas un 30 % de las víctimas se atreve a denunciar. ¿Por qué?

  • Porque en la Policía se pone todos los obstáculos del mundo para no recibir denuncias, no sea cosa que se dañen las estadísticas o se “caliente la zona”.
  • Porque hacer una denuncia es una odisea: primero en la Policía, luego en la Fiscalía… y ahí es que la chiva retuerce el rabo.
  • Porque los delincuentes rara vez son atrapados y, cuando lo son, el tiempo se pierde y el resultado es cero.
  • Y aunque los apresen, lo robado casi nunca aparece.

Ministra Raful, usted lo dijo clarito: Esos datos corresponden a las denuncias formalmente registradas, no a la realidad que vive el país, donde ni dentro de su propia casa usted está seguro. ¡Perdón! Los ciudadanos están inseguros… porque usted anda con escoltas, y mucha.

Por cierto, ministra: ¿Por qué usted no le sugiere cambios reales en la Policía al presidente Luis Abinader? Y ya que está en eso, recuérdele que, tal como hizo Danilo Medina, está violando la Ley 590-16, artículo 23. Claro, gracias a Dios que en este país el Senado es un sello gomígrafo.

Y para su gobierno: La inseguridad se retrata sola, en fotos que hablan claro, sin derecho al pataleo, desnudando mentiras y fortaleciendo la percepción de una ciudadanía cansada.

 Las Américas: la puerta de entrada al desastre

Entonces, ministra, su gestión ha sido, sí o sí, un desastre total. Porque a la ola de robos, asaltos y despojos en la vía pública hay que sumarle:

  • Ejecuciones extrajudiciales.
  • Maltratos policiales.
  • Abusos en los operativos contra el ruido y otras cositas.

Y quieres más de ahí…

Ahora, ministra Faride, limpie la imagen de la Policía, porque hay corrupción a diestra y siniestra.

Y ya que estamos, ¿por qué no ponemos un ejemplo, pero sin nombre y apellido, para que la soga no se rompa, como siempre, por el lado más fino?

Aquí va el pecado:

Un oficial entregó 240 mil pesos para que le asignaran un incentivo de 30 mil mensuales. Ese fue el trato. ¿El resultado? Solo le pusieron 15 mil, y el teniente anda diciendo que lo tumbaron. ¿Esa es la reforma policial?

Ministra Raful, investigue, si es verdad que su gestión es transparente —porque dudas tenemos—, ¿por qué hacen que el jefe de Estado firme un decreto poniendo en retiro a un oficial, y luego echan para atrás esa decisión del presidente Abinader y lo reintegran?

Hay muchos casos. Y si usted supiera lo que dijo ese oficial a un “amigo”: “Por la plata baila el mono”. Ave María Purísima… ¿y entonces? Investigue o calle para siempre.

Para terminar, ministra… Lleve las maravillas de su gestión, de su gobierno y de su “nueva Policía” a San Luis, La Ureña, Valiente, Villa Mella o Los Alcarrizos. Y lo dejamos ahí, porque no hay tiempo ni espacio para seguir enumerando los lugares donde la gente vive a gritos, atrapada entre delincuencia, asaltos y apagones.

La Junta Central Electoral parece inició el año creativa —o nerviosa— y decidió repartir dinero a diestra y siniestra, cumpliendo con la ley, sí, pero como si el país nadara en billetes.

Le tocó a los partidos grandes… y también a un enjambre de chinchorros políticos, sin militancia, sin votos y sin vergüenza.

Ahí está la prueba: Resolución No. 01-2026. Léala con calma, porque lo que establece no es relajo, aunque parezca un chiste mal contado.

Resolución No. 01-2026 JCE

Quiera Dios, y que Nuestra Señora de la Altagracia nos eche una manita, que algún día tengamos una ley electoral sensata, que diga claro y raspado:

. Primera vuelta: todos contra todos.
. Alianzas: solo para aliados de verdad, no para buscavidas de ocasión.

Y para que después no digan que somos enemigos de los partidos pequeños, agréguese un acápite sencillo, democrático y sin lloradera: Solo sobreviven los partidos que obtengan más del 1 % de los resultados generales.

Con eso no se mata la democracia. Con eso lo único que pasaría es que desaparecería el 99.9 y tres cuartos de esos colmados políticos que solo abren en tiempos de elecciones… y siempre fían. Porque, seamos serios: Un partido que no llega ni al 1 %, no es partido, es un logo con cuenta bancaria.

Y ya que estamos en eso, ojo con esto… Hay un grupito bien creativo que anda usando el nombre de Omar Fernández como cordón umbilical para hacerse sentir, tratando de meter una cuña entre padre e hijo. Una jugadita vieja, mal ensayada y con poco futuro. Eso es difícil que prospere, por no decir imposible, porque esa alianza no es improvisada, está bautizada, sellada y hecha en acero, no en plastilina.

 

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