
Por Margarita de la Rosa
Ayer me encontré con esta realidad en un entorno cercano y no logro encontrarle lógica ni justicia: una considerable cantidad de muestras médicas vencidas. Fármacos costosos que terminan en la basura mientras, a pocos kilómetros, hay pacientes que interrumpen sus tratamientos porque no pueden adquirirlos con regularidad.
No hago juicios. Me hago preguntas.
¿Para qué se entregan estas muestras?
¿A quién corresponde su distribución?
¿Es parte de una dinámica que desconozco entre visitadores médicos y profesionales de la salud?
¿Están destinadas a pacientes que no pueden costear un tratamiento?
¿O se pierden en un limbo donde nadie asume responsabilidad?
Lo que sí sé es que hay personas que mueren —literalmente— porque no pueden adquirir un medicamento de forma permanente.
Ver medicamentos vencerse duele.
Duele porque no es solo un desperdicio material, es una contradicción ética en un sistema donde la necesidad es urgente y cotidiana.
Tal vez existan explicaciones técnicas, administrativas o legales que desconozco. Ojalá alguien pueda ofrecerlas.
Pero mientras tanto, la pregunta queda ahí, incómoda y necesaria: ¿Por qué dejar perder lo que podría aliviar, sostener o incluso salvar una vida?



