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Asalto a casa de senador deja claro que la delincuencia no respeta rejas, rangos ni murallas

Frontera caliente, haitianos por dondequiera  y microtráfico en Santo Domingo Este, son denuncias que el Gobierno no puede ignorar

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!Lo que más daño le hace a este país es el lambonismo. Sí, el lambonismo descarado de ciertos comunicadores que prefieren aplaudir todo antes que decir la verdad.

Aquí hay que hablar claro. Decir las cosas tal y como son. Incluso cuando se trate del presidente Luis Abinader.La figura presidencial se respeta porque es el jefe del Estado. Pero respetar no es adular. Respetar no es callar lo que está mal. Las decisiones equivocadas se dicen de frente, para que el Presidente se entere y corrija.

¡Cógelo, Picante! no surgió para complacer a nadie. Aquí se pone el dedo en la llaga. Se habla con pruebas cuando las hay, y cuando no están completas, se exige investigación si el hedor es demasiado fuerte como para ignorarlo. No somos altar de nadie.

Es una falta de respeto al país designar en cargos públicos a personas cuestionadas. Algunos asesores del Ejecutivo han estado salpicados de cosas raras. Y eso erosiona la credibilidad del Gobierno.

La residencia del senador Félix Bautista, en San Juan de la Maguana, fue asaltada la madrugada del jueves. Hombres armados irrumpieron en la vivienda, amarraron y amordazaron a un seguridad, revisaron todo… y aparentemente no encontraron nada de valor.

Más allá de quién sea la víctima, el mensaje es claro: la inseguridad está desbordada. Aquí nadie está seguro, ni siquiera dentro de su casa. San Juan no escapa a la ola delictiva que golpea al país entero.

Mientras tanto, los servicios de salud y educación siguen por el suelo. No despegan. No mejoran. No responden. Y las quejas de los ciudadanos se oyen por las cuatro esquinas.

Los productos de PROMESE brillan por su ausencia. En las farmacias del pueblo —dicen los usuarios— no hay medicamentos básicos. La necesidad se topa con estantes vacíos. ¿Y entonces, presidente Abinader, dónde está el cambio?

Y la frontera… la frontera es otra historia. Persisten denuncias de que haitianos pagan entre 40 y 60 mil pesos para cruzar hacia territorio dominicano. Se habla de grupos organizados que operan en provincias fronterizas. De redes de narcotráfico y tráfico de indocumentados disputándose puntos estratégicos. Y lo más grave: que algunos contarían, supuestamente, con respaldo de autoridades civiles, alcaldes y directores municipales, pero también de guardias, policías y hasta de políticos.

Bandas que operan en suelo dominicano, asociadas con haitianos en condición migratoria irregular, que cruzan la frontera como si fuera una puerta giratoria. Que trafican mercancías ilícitas de un lado a otro. Que traen “cosas raras” desde allá y se llevan desde aquí artículos de valor que terminan, presuntamente, en manos de estructuras delictivas y pandillas en Haití.

Y eso nos lo dijo Adela… Pero también lo comentan comunitarios, lo murmuran autoridades en voz baja y lo sufre la gente en carne propia.

Si es mentira, que lo desmientan con cifras y operativos reales. Y si es verdad, que actúen. Porque la frontera no puede seguir siendo un pasillo libre para el crimen organizado.

En Santo Domingo Este la situación también preocupa.  Residenciales abarrotados de haitianos en condición irregular. Comercios que los emplean como “delivery”. Plazas comerciales —sobre todo negocios de chinos— que los contratan porque la mano de obra sale más barata. ¿La razón? Al no tener documentos, no hay prestaciones laborales que pagar cuando los despiden.

Pero hay más. La persecución de haitianos se está convirtiendo —según denuncias comunitarias— en un negocio redondo para algunos policías y hasta para agentes migratorios.

Un dirigente comunitario asegura que patrullas mixtas, policías y militares, apresan haitianos y cobran entre 7 y 10 mil pesos por su libertad. Además, los despojan de prendas de valor.

Denuncia también que cuando detienen dominicanos, les quitan los celulares y luego se los devuelven al salir. Pero a los haitianos se los dejan, para que desde el encierro llamen a familiares y consigan el dinero del soborno. Y eso es una vergüenza nacional.

Atención, presidente Abinader. En Villa Duarte, Santo Domingo Este, comunitarios denuncian incremento del microtráfico. Aseguran que pandillas que controlan puntos de drogas también operan bandas de asaltantes. Y lo más preocupante: que algunos agentes preventivos estarían protegiendo a ciertos cabecillas.

Si esas denuncias son falsas, que se demuestre.
Si son ciertas, que rueden cabezas.

Bueno, el coronel Tony Morales, aquel oficial que fue maltratado,  humillado y aplastado, por decir lo que no querían que revelara, se apareció ante la embajada de Estados Unidos en Santo Domingo con un expediente “criminal” bajo el brazo, señalando —nada más y nada menos— a altos mandos militares designados por el presidente Luis Abinader en presuntas operaciones de narco-lavado. Aquella vez no le hicieron caso, pero ahora lo hizo ante una dama con manos de acero, que no cree en cuento ni permite relajo. Pa’ lante embajadora Campos.

Y quien lo soltó sin titubeos fue el veterano comunicador Rafael Guerrero, que lo confesó públicamente en sus redes. Guerrero no suele hablar por hablar: cuando pone el dedo en la llaga, es porque tiene información y contexto.

¡Al cierre! 

La inseguridad sigue desbordada. Los planes que el Gobierno asegura haber activado no están dando resultados visibles. Esto ocurrió en Los Mina, y la historia se repite.

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Acción en Los Mina, y no es una película… es una realidad.

Y en República Dominicana, cabe la pregunta: ¿hay o no autoridades de tránsito? Porque las vías están hechas un caos. porque esto:

No se ve ni en Haití… pero sí en la avenida Avenida Rómulo Betancourt, en plena capital de Santo Domingo. Caos, desorden y nadie que ponga control. Lo que debería ser una vía ágil se ha convertido en un dolor de cabeza diario para conductores y peatones. Y mientras tanto, las autoridades brillan por su ausencia. Así no hay ciudad que avance ni discurso que aguante.

Presidente, revise las redes. El país habla, se queja y documenta. El cambio prometido aún no se siente en la calle.

El país no necesita aplausos.
Necesita orden.
Necesita autoridad real.
Necesita decisiones firmes.

Y necesita menos lambones… y más responsabilidad.

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