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¡Ay, Dios! La gente se burla del discurso y dice que el presidente pintó pajaritos en el aire

Entre cifras oficiales y bolsillos vacíos, crece el escepticismo en la calle.  Señales de alerta, precios por las nubes y una realidad que no cabe en el discurso.

 

 

Buenos días…

Cuando Estados Unidos apriete la tuerca en República Dominicana, más de un “toro sagrado” podría caer. Y no precisamente por corrupción administrativa, sino por supuestos vínculos con redes de narcotráfico y lavado de activos provenientes del mercado estadounidense. Atención con eso: Washington puede tardar, pero cuando actúa, actúa. Y sus alianzas suelen ser circunstanciales.

Mientras tanto, algunos duermen tranquilos. Quizás demasiado.

La ofensiva lanzada por sectores de poder contra el detective privado y comunicador Ángel Martínez también merece lectura fría. En política y en poder, la soberbia suele ser mala consejera. Y a veces, el que ataca termina en la mira.

Por cierto, detective Martínez, dicen que la cifra no era 37… que tal vez había que invertir los números.

El discurso de rendición de cuentas del presidente Luis Abinader no pasó desapercibido. Más allá de los aplausos en el hemiciclo, en la calle la reacción fue otra, muchas bromas y una frase repetida sin descanso: “pintó pajaritos en el aire”.

Abinader habló de avances, estabilidad y crecimiento. Sin embargo, en la calle el comentario fue otro: que el país descrito parecía distinto al que vive la gente día a día.

El mandatario aseguró que el caso de Seguro Nacional de Salud (SeNaSa) demuestra que “no existen intocables”. Pero la percepción ciudadana insiste en que aún faltan nombres, que no todo está dicho y que los privilegios siguen vivos.

Y hay preguntas que no desaparecen: ¿qué ocurrió con quienes estafaron a la Policía Nacional, caso documentado en varias auditorías? ¿Hubo consecuencias ejemplares?

En la calle también se comenta que cuando el país “cambie de caballo”, podría surgir otro escándalo tipo al de Alexis, con distinto nombre y apellido. Son rumores, sí, pero reflejan desconfianza.

Mientras el discurso habla de bonanza, los bolsillos cuentan otra historia.

En cinco años, los productos de la canasta básica se han duplicado o triplicado. La tarifa eléctrica subió. Los medicamentos también. Un plátano supera los 30 y hasta 40 pesos en algunos mercados. La libra de pollo pasó de 30 a 90 pesos, y en momentos ha alcanzado los 125.

Los salarios de empleados públicos y de pensiones, en cambio, sí son intocables.

El servicio hospitalario es motivo constante de quejas. Los combustibles no bajan. Y aquella “mafia de los combustibles” denunciada en tiempos de Danilo Medina sigue siendo tema de conversación, porque muchos entienden que el problema no desapareció, solo cambió de manos y se incrementó.

El dólar ronda los 62 por uno. La prima no da tregua. Y la pregunta es directa: ¿dónde se siente la bonanza?El expresidente Leonel Fernández lanzó un dardo incómodo: en 2025, según datos citados por él, la República Dominicana habría crecido menos que Guatemala, Honduras, Costa Rica, El Salvador, Panamá y Nicaragua. Un contraste que obliga a revisar cifras y narrativas.En la provincia Monseñor Nouel, el exsenador Félix Nova afirmó que en materia de salud no se han levantado nuevas obras y que el Hospital Dr. Pedro Emilio de Marchena fue construido e inaugurado en 2020, durante la pasada gestión. Incluso recordó que sectores del hoy oficialismo se opusieron en su momento a esa construcción. Debate abierto.

En Elías Piña, residentes hablan de conflictos entre bandas. La percepción de inseguridad sigue siendo alta en distintos puntos del país.

Por eso la exigencia es clara: que se publiquen todos los datos de violencia sin maquillaje, que las estadísticas reflejen la realidad completa y que la población pueda tomar decisiones informadas para protegerse.

Presidente, el país necesita claridad. Porque cuando la gente empieza a llamar “rendición de cuentos” a la rendición de cuentas, no es solo un juego de palabras: es una señal de distancia entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana. Y esa brecha, cuando crece, pesa más que cualquier cifra macroeconómica.

 

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