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Ciberdelincuentes sueltos, ciudadanos indefensos, ¿y los bancos?  

Las estafas digitales crecen sin freno, mientras las entidades financieras miran hacia otro lado y la ley deja grietas que los delincuentes aprovechan.

 

Buenos días.

¡Cógelo, Picante!El fin de semana dejó otro pequeño movimiento en el mercado cambiario: la prima del dólar pasó de 61.50 por 1 a 61.85 por 1. Nada dramático, pero la tendencia sigue marcando presión.

Mientras tanto, en otro frente mucho más grave, los ciberdelincuentes mantienen a los ciudadanos en jaque.

Las denuncias caen como aguacero. Cuentas bancarias vaciadas, transferencias fraudulentas, identidades digitales robadas. En cuestión de horas, personas trabajadoras ven desaparecer sus ahorros. Y lo peor: muchos de esos casos terminan sin responsables.

Estos delincuentes digitales operan con rapidez, cambian de números, de dispositivos, de vehículos y de identidades. Pero lo que más inquieta a las víctimas es otra cosa: la aparente pasividad de algunos bancos, incluso cuando los afectados presentan pruebas, denuncias y rastros claros de las operaciones.

La Ley 53-07, sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología, tiene un vacío que los delincuentes aprovechan. Cuando el banco devuelve el dinero a la víctima, la persecución penal se complica, porque la acción queda prácticamente en manos de la entidad financiera. Si el banco no continúa el proceso, el caso se enfría… y el delincuente sigue su camino.

Un ejemplo cercano lo confirma. A uno de los editores de este medio le vaciaron su cuenta. Tras reclamar con firmeza, el banco devolvió el dinero en pocas horas. Pero cuando quiso continuar la acción para que el responsable respondiera ante la justicia, se encontró con un muro legal: solo la entidad bancaria podía seguir el proceso. Resultado: el sospechoso sigue libre.

Tenemos todas las pruebas y los registros del caso. El presunto ciberdelincuente —según los datos obtenidos en la investigación— sería un individuo oriundo de Los Quemados, en Bonao, identificado con los apellidos Mena Santos. Contamos con información, documentos y fotografías que forman parte del expediente. En cualquier momento estos elementos podrían hacerse públicos para que la ciudadanía conozca cómo operan estos delincuentes digitales y quiénes están detrás de estas estafas. ¿No es así, Luis Alfonso?

Por eso, esta plaga digital exige una respuesta seria. El Congreso haría un gran servicio al país revisando y fortaleciendo la ley, para que la persecución de estos delitos no dependa únicamente de la voluntad de las entidades financieras.

Otro tema que vuelve a golpear al país es el tránsito. El domingo en la noche se reportó un nuevo accidente en la autopista Duarte, con cuatro personas fallecidas y varios heridos.

La tragedia vuelve a poner sobre la mesa la misma pregunta: ¿quién controla realmente el tránsito en la República Dominicana?

Las carreteras siguen cobrando vidas mientras el desorden vial parece no tener freno.

Carreteras nuevas… y ya llenas de hoyos. En el Este del país también crece la preocupación por el deterioro de varias vías.

La carretera Hato Mayor – El Seibo, asfaltada hace apenas unos años, comienza a llenarse de hoyos peligrosos que ya están provocando daños a vehículos.La situación es similar en la Hato Mayor – Sabana de la Mar, inaugurada hace pocos meses y que ya presenta deterioro visible.Y la vía Pedro Sánchez – Miches sigue repitiendo la misma historia: reparaciones frecuentes, pero los hoyos reaparecen como si nunca se hubieran ido.  Así es difícil hablar seriamente de turismo y desarrollo en la región.

En el plano internacional, la cumbre convocada por el presidente Donald Trump concluyó con el anuncio de una coalición internacional contra los cárteles del narcotráfico.

La iniciativa suena bien sobre el papel. Combatir el narcotráfico es una prioridad regional.  Pero hay una pregunta inevitable: ¿quiénes integrarán esa coalición y bajo qué criterios?

Una alianza de ese calibre necesita algo fundamental: depuración real. Porque si en la mesa se sientan actores con vínculos dudosos con el narcotráfico, la estrategia corre el riesgo de convertirse en un simple espectáculo político.

Las alianzas contra el crimen deben construirse con credibilidad y transparencia. De lo contrario, el remedio puede terminar pareciéndose demasiado a la enfermedad.

Creemos en el presidente Donald Trump con los ojos cerrados. Lo que no tenemos tan claro es en todos los que se han subido a esa coalición.

Mientras tanto, en el país siguen acumulándose problemas concretos: ciberdelitos, carreteras deterioradas, accidentes mortales y ciudadanos esperando respuestas. Y esas respuestas, tarde o temprano, tendrán que llegar.

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