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Corrupción, cámaras y show… ¿y la transparencia dónde anda?

Escándalo en el INABIE, operativos policiales bajo sospecha y denuncias desde la frontera retratan un país donde la impunidad sigue mandando

 

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!Si el gobierno actuara de verdad con transparencia y enfrentara la impunidad —no con discursos, sino con acciones— las cárceles del país estuvieran repletas. Llenas de mañosos. De gente que se adueña de los recursos del Estado sin el más mínimo pudor.

Y hablando de falta de transparencia, otro escándalo sacude al Estado. Nuevamente suena el Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil con una licitación de gomitas multivitamínicas que, según denuncias, parecen que son las más caras de la bolita del mundo.

Esto se jodió… y lo peor es que todo apunta a que tampoco habrá consecuencias. Algo parecido ocurrió con aquellas famosas jeringuillas de Ministerio de Salud Pública, donde la soga se partió por el punto equivocado.

Cámaras corporales… ¿para quién?

Ahora surge otro anuncio que ha provocado más preguntas que respuestas. Según la Procuraduría, los fiscales comenzarán a usar cámaras corporales en los operativos. La gente se pregunta: ¿y a quién piensan sorprender con esas cámaras? ¿A los policías? ¿A los propios fiscales?

Ojalá no se trate del mismo espectáculo que vimos con las cámaras corporales anunciadas para la Policía Nacional. Aquello terminó siendo puro show: mucho anuncio, muchas fotos… y al final black, black, black… y nada grabado. Una comedia.

Lo que no le dijeron a la embajadora…

Un dirigente comunitario de Elías Piña nos llamó para comentar el reciente recorrido por la frontera de la embajadora de Estados Unidos, Leah Campos.

Dice que la visita fue positiva, pero que habría sido mucho más útil si hubiera sido sorpresa y hablando directamente con los comunitarios. Según él, está casi seguro de que no le contaron toda la verdad sobre la realidad fronteriza.

Y a propósito de la frontera, nos llegó una información preocupante: en varias localidades de la misma frontera existen “centros de acogida” clandestinos donde mantienen inmigrantes haitianos prácticamente secuestrados, retenidos hasta que consigan el dinero para pagar su tránsito hacia distintos puntos de República Dominicana.

Haití, pandillas y colaboradores cómodos…

Mientras tanto, en Haití, parece que el nerviosismo se ha apoderado de algunos jefes criminales que se creen dueños del país. Todo esto tras el anuncio del presidente estadounidense Donald Trump de enfrentar a las pandillas terroristas que controlan territorios completos.

Pero presidente Trump, también hay que sacar de República Dominicana a los colaboradores de esas bandas.

Nos referimos a individuos sancionados por el gobierno de Canadá, que viven aquí con más seguridad que muchos ciudadanos dominicanos, mientras esas bandas secuestran y asesinan, incluso a religiosos estadounidenses.

Allanamientos bajo sospecha…

Los recientes operativos también han levantado polvo. El caso más reciente ocurrió en Puerto Plata, durante un allanamiento de la Dirección Central de Investigación (DICRIM).

Con eso de las cámaras, parece que la Procuraduría quiere agarrar el toro por los cuernos después de episodios polémicos como el histórico allanamiento de La Mulata, también en Puerto Plata. Allí, primero actuaron los agentes… y después fueron a buscar al fiscal.
Todos recuerdan lo que ocurrió: un muerto para no dejar testigos del montaje.

Curiosamente, esos “enfrentamientos” entre policías y fiscales no se ven cuando el Ministerio Público actúa en contubernio, como en el caso de la barbería de Villa Vásquez, donde agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas —con complicidad de una fiscal— sembraron drogas en el negocio.

Reforma policial… puro cuento.

General, no juegue con la inteligencia del pueblo dominicano.

Mientras no haya una depuración real, transparente y profunda —de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba— dentro de la Policía, mejor que ni se mencione la famosa “reforma policial”. Porque lo que existe hasta ahora no es una reforma. Es un cuento, una comedia, un show.

Y lo peor es lo que se comenta en los pasillos: que en nombre de esa reforma, un comisionado colombiano cobra un salario millonario, mientras muchos generales dominicanos apenas sobreviven con sueldos de miseria.

Así, definitivamente, no se arregla una institución. Se sigue maquillando el problema… mientras el país paga la factura.

 

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