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1804 y 1937: heridas históricas entre Haití y República Dominicana

Por Augusto Álvarez

En 1804, el emperador haitiano Jacques Dessalines decidió “limpiar de blancos” varias poblaciones del este de la isla, entre ellas Moca, dirigiendo una masacre que marcó profundamente la memoria histórica dominicana. ¿Lo sabía usted?

Entre emboscadas, luchas de resistencia y actos de coraje de un pueblo que aún no tenía identidad nacional definida, 39 años después resonó el trabucazo que dio inicio al proceso independentista.

Enfrentamientos, traiciones, anexión y restauración fueron los escenarios vividos tras la proclamación de la Independencia Nacional el 27 de febrero de 1844.

Grandes jornadas de lucha se libraron para consolidar la joven República. Basta prestar atención al Himno Nacional para notar cómo en Capotillo y en Las Carreras la bravura de los criollos se impuso.

También en el largo rosario de nuestra historia independentista resalta el 30 de marzo, cuando el coraje nacional escaló nuevos peldaños, y más adelante en Azua se reafirmó la soberanía.

Como se puede apreciar, décadas después, y ya bajo el mandato del presidente Rafael Leónidas Trujillo, ocurrió en 1937 un episodio trágico en la frontera domínico-haitiana, conocido históricamente como la Masacre del Perejil, un hecho que dejó una profunda herida en las relaciones entre ambos pueblos.

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