
Mensaje 4683
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasisliniz?
Hoy después de invocar la presencia del Espíritu Santo, me senté a leer la homilía del Hno. Miguel Ángel Soto, la cual me sirvió de inspiración para hacer algunos comentarios de las lecturas que nos manda la Iglesia hoy. (1 Samuel 16. Salmo 22. Efesios 5. Juan 9)
Continuamos con nuestra caminata con Jesús en nuestro ciclo cuaresmal avanzando hacia la Pascua. Jesús sigue auto revelándose como el Mesías; ya lo hizo en el Monte Tabor, en el que dejó ver su gloria a sus discípulos más íntimos; lo hizo también con la Samaritana el domingo pasado; ahora se auto revela al ciego de nacimiento.
El domingo pasado se destacaba el símbolo bautismal del agua, ahora nos encontramos con otros dos: el aceite y la luz.
El primer libro de Samuel nos narra cómo el profeta Samuel ungió a David como rey de Israel. El Evangelio de San Juan nos presenta a Jesús como luz del mundo que ilumina los ojos de un ciego de nacimiento. Y San Pablo nos recuerda que siempre debemos comportarnos como hijo de la luz. Aceite y luz, dos símbolos bautismales en este camino hacia la Pascua con Cristo.
Otra gran lección que nos deja la Palabra de Dios hoy, es que, ahí donde el hombre ve apariencias, Dios ve el corazón.
Nosotros tenemos nuestra propia forma de leer los acontecimientos y ver a las personas; Dios tiene la suya y casi siempre se sale de los parámetros humanos, tal como lo demuestran dos hechos que encontramos en las lecturas de hoy. En la primera lectura vemos la elección de David como rey, y en el Evangelio se nos narra la curación de aquel ciego de nacimiento. En ambos casos se rompe la lógica humana, pues David no era el primogénito, el heredero, sino el último, el más pequeño de sus hermanos, pero es elegido rey. En el caso del ciego de nacimiento, mientras todos veían en su enfermedad un castigo de Dios por sus pecados o los de sus padres, Jesús ve ahí una oportunidad para que se manifieste el poder de Dios.
En el primer caso, Samuel cumple una misión encomendada por Yahvé: “Ve a la casa de Jesé, porque de entre sus hijos me he escogido un rey”. Cuando ve a Eliab, el hijo mayor de Jesé, inmediatamente se dejó llevar por la lógica de su entorno y pensó que ese era el elegido, por ser el primogénito; pero de inmediato se encontró con la observación de Dios: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón».
Menuda lección la que nos da esta observación de Dios. Nosotros estamos acostumbrados a juzgar primero por las apariencias y a valorar a las personas por los prejuicios. Muchas veces catalogamos a las personas por las etiquetas que la sociedad ya les ha colocado y descuidamos buscar en su corazón. Pensamos mal y vemos como enemigo al vecino porque otros los han etiquetado mal. Nos equivocamos en nuestras elecciones porque juzgamos por lo primero que vemos, las apariencias.
A cuántas personas hemos mandado a la lista de los “no deseados”, personas “no gratas”, simplemente por lo que otros comentan, por lo que otros piensan, por esos prejuicios sociales que discriminan y nos llevan a asumir como cierto lo que murmura la gente.
Muchos nos convertimos en asesinos silenciosos de nuestro prójimo, les matamos su reputación, las etiquetamos, destruimos su dignidad por un simple prejuicio, por una mala impresión de la apariencia o por lo que los demás dicen. Dios mira el corazón, no las apariencias.
Y en el evangelio se nos narra el otro relato que rompe con toda lógica humana. Jesús cura a un ciego de nacimiento, de quien todos pensaban que estaba sufriendo un castigo por sus pecados o los pecados de sus padres. Y ahí donde la gente ve pecado, Jesús ve una oportunidad para que la obra de Dios se manifieste: “Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios”. Realmente ahí donde el sentido común ve problemas, a los ojos de Dios son oportunidades. Ahí donde el hombre común ve una desgracia, para las almas penetradas por la luz del Espíritu Santo hay una oportunidad de experimentar el poder inmenso de Dios, porque han comprendido lo que Dios dijo a San Pablo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza»» (2 Cor 12,9)
Víctor Martinez te invita hoy a dar un cambio de actitud para siempre en tu vida, deja de ver problemas en todo, mira oportunidades, deja de juzgar a la gente por su apariencia o primera impresión, aprende a escudriñar el corazón del otro antes de juzgarlo, como ejercicio espiritual de hoy hazte ese propósito.
No dejes de leer hoy el capítulo 15 del libro de la Virgen María.
Gracias a nuestra hermana Matilde Farach por ser parte de esta misión de llevar la Palabra de Dios por el mundo entero. Bendícela, Señor.
Hasta la próxima.



