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Feminicidios: miles de víctimas en una década… ¿qué está fallando?

 

Por Augusto Álvarez

Reducir los feminicidios no debería ser una tarea imposible, sobre todo en un país que se define como democrático.

Sin embargo, la realidad demuestra lo contrario. En muchos casos pareciera que el amor se vive —como en la novela de Gabriel García Márquez— “en tiempos de cólera”, pero trasladado a una realidad dolorosa donde la violencia termina apagando vidas.

Más allá de los factores culturales y económicos, hay un problema evidente: muchas mujeres acuden a denunciar abusos y no encuentran la respuesta institucional que esperan. Presentan querellas ante la Policía Nacional de la República Dominicana, pero los procesos no siempre avanzan con la urgencia que la situación exige.

Entonces surge la pregunta inevitable: ¿Dónde debe acudir una mujer que teme por su vida? ¿Al Ministerio de la Mujer de la República Dominicana?

Algunos, incluso, miran hacia modelos de seguridad más duros, como las políticas aplicadas por el presidente de Nayib Bukele, en El Salvador, y se preguntan si algo similar podría ayudar a frenar la violencia. La interrogante queda abierta.

Las autoridades, por su parte, sostienen que los índices delictivos van en descenso. Señalan que incluso crímenes que antes conmocionaban al país —como los ataques con el llamado “ácido del diablo”— hoy se reportan con menor frecuencia.

Pero la violencia sigue mostrando un rostro inquietante.

Entre los agresores aparecen hombres uniformados, profesionales y hasta educadores, lo que hace aún más dolorosa la situación.

Mientras tanto, la respuesta institucional muchas veces se limita a repetir que la criminalidad está bajando, aunque la percepción ciudadana diga lo contrario.

Una vergüenza

Otro caso reciente ha indignado a la sociedad: el de una profesora en el sector Alma Rosa acusada de maltratar brutalmente a una niña de apenas tres años.

Según la denuncia, la menor fue golpeada y obligada a ingerir su propio vómito. Un hecho que ha provocado indignación nacional.

Si la responsable tiene o no condiciones psicológicas que expliquen su conducta, eso lo determinarán los especialistas. Lo cierto es que ahora deberá responder ante la justicia y tendrá tiempo para reflexionar desde lo que, para muchos, se convierte en su segundo hogar: la prisión.

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