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Los 7 pecados capitales

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Mensaje 4891

 

 AYUDAME A SALVAR UNA VIDA 

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merghaba, arkadaslar, ¿nasiliniz?

REFLEXIONESLa soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza son las siete pasiones del alma que la tradición eclesiástica ha fijado como «pecados capitales». Independientemente de la vigencia o no de la idea de pecado en nuestras sociedades, son siete pasiones muy arraigadas en la psique humana. ¿Podemos imaginar el ser humano sin ellas? ¿El mundo sería mejor si estas inclinaciones no condicionaran nuestras actitudes?

Investigando acerca del tema me encontré con un artículo de la Comunidad DeepThoughts, del cual he tomado algunas ideas.

Podrían estos seis Pecados Capitales — Orgullo, Lujuria, Envidia, Gula, Ira y Pereza — ser diferentes expresiones de un defecto humano central: pues giran en torno a la avaricia. No solo avaricia por dinero o cosas, sino avaricia en el sentido más amplio de querer— querer más de lo que tenemos o necesitamos.

Por ejemplo, cuando hablamos de Orgullo vemos que no es más que la avaricia por ser respetado, admirado o temido — un hambre de estatus.

Si se trata de la Lujuria estamos hablando de la avaricia por el placer y la intimidad.

Nos encontramos con algo muy común entre quienes nos rodean, la Envidia siendo la avaricia por lo que alguien más posee.

Los comelones y bebedores incontrolables se encuentran frente a una situación de Gula con su avaricia por consumir más allá de la necesidad.

Lo que más hay en nuestra sociedad son los que anhelan el poder, quienes siempre se quieren vengar o a quienes les gusta dominar a otros, he aquí la misma avaricia convertida en ira.

Si nos ponemos a ver la irresponsabilidad con que los empleados, estudiantes, padres asumen su papel, cómo nuestros jóvenes están aprendiendo de los adultos que hay que cogerlo suave y ganar mucho dinero con el menor esfuerzo, lo quieren todo cómodo, fácil, descubrimos la avaricia tras la pereza.

De esta manera, todos los pecados pueden verse como ramas que crecen de la misma raíz: nuestros deseos incontrolables.

Un deseo que más que dejarlo convertir en incontrolable, debemos aprender a canalizarlo de manera sabia y equilibrada, pues el deseo bien manejado le da sentido a la vida, alimenta nuestras ambiciones, creatividad y crecimiento.

Pero Víctor Martinez te lo recuerda, ten cuidado, pues el deseo se convierte fácilmente en la raíz del pecado y el sufrimiento, ellos pueden atraparnos o impulsarnos, razón por la que siempre debemos tratar de discernir cuales son los deseos del Padre Dios para con nosotros. “Hágase Señor tu voluntad, no la mía”.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al apoyo recibido por nuestra hermana Heidi Rodríguez, bendícela, Señor.

Hasta la próxima.

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