Pese a los nubarrones, la paz asoma en el horizonte de Ucrania

El lenguaje diplomático suele caminar con pies de plomo, pero aun así, tras el reciente encuentro entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, resulta difícil no percibir que la firma de un posible acuerdo de paz comienza a verse menos lejana.
La mesura con la que ambos mandatarios expusieron sus posiciones, sumada a la intervención vía telellamada de la presidenta de la Comisión Europea, sugiere que el espeso y oscuro entramado de la guerra ruso-ucraniana empieza, lentamente, a despejarse. No hubo estridencias, no hubo discursos incendiarios; predominó el control, la cautela y el cálculo político.
Desde Washington, es evidente que Donald Trump necesita oxígeno económico y político. Un respiro que le permita enfrentar la compleja situación interna de Estados Unidos y el avance sostenido de los demócratas en el Congreso, que poco a poco le estrechan el margen de maniobra. En ese contexto, una desescalada del conflicto en Europa del Este no sería solo conveniente, sino estratégica.
Los puntos discutidos por Trump y Zelenski —y sometidos a la consideración de Moscú— han sido divulgados por Relámpago Informativo. Rusia, sin embargo, ha optado por el silencio, una omisión que lejos de disipar dudas, confirma que el nudo del conflicto sigue siendo territorial, el verdadero corazón del problema.
No es la primera vez que Zelenski deja entrever una salida negociada. ¿Recuerdan cuando afirmó que antes de concluir el año podría alcanzarse la paz? Pues bien, la prudencia mostrada en la reciente reunión celebrada en Florida refuerza esa percepción: algo se está moviendo tras bastidores.
Por eso, partimos de una premisa clara: no se trata aún de paz firmada, pero sí de un escenario cada vez más propicio para un cese al fuego entre Rusia y Ucrania. Y en diplomacia, cuando el tono baja y las palabras se miden, suele ser porque las decisiones importantes ya se están cocinando en silencio.



