Ni impunidad ni ejecuciones: el camino correcto es desmantelar las redes
Por Margarita de la Rosa
La reciente intervención policial en el sector Las Flores, en Bayaguana, ha dejado una escena preocupante: agentes ingresaron a una vivienda en medio de la persecución de presuntos sospechosos y, durante el operativo, una niña resultó herida de bala en un pie.
Quienes hemos denunciado con firmeza la creciente ola de atracos en Bayaguana, Comatillo y comunidades aledañas no podemos callar ahora. Nuestra posición ha sido clara: la delincuencia debe enfrentarse con decisión, pero dentro del marco de la ley.
El sector Las Flores ha sido históricamente señalado como punto caliente. Se ha dicho —y en algunos casos confirmado— que delincuentes vinculados a redes de la capital se refugian allí cuando son perseguidos. Los robos y hechos violentos en la zona han generado un temor legítimo en la población.
Pero una cosa es exigir acción y otra muy distinta justificar excesos.
Si ante la presión social y mediática la respuesta es disparar primero y apresar después —o, peor aún, disparar sin que exista resistencia—, no solo se vulneran derechos fundamentales, sino que se corre el riesgo de afectar a inocentes, como ocurrió con la menor herida.
En República Dominicana no existe la pena de muerte. La función de la Policía es detener, investigar y someter a la justicia. Si un sospechoso es apresado con vida, puede ser interrogado, puede revelar nombres, puede ayudar a desmantelar redes completas. La delincuencia organizada no es obra de un solo individuo, ya que detrás suele haber estructuras, complicidades y conexiones que solo se descubren mediante investigación.
Matar o herir sin que medie defensa propia no desarticula redes; apenas silencia eslabones.
La población quiere seguridad, pero también quiere garantías. Quiere orden, pero dentro del Estado de derecho. Quiere que la Policía actúe, pero con inteligencia, profesionalismo y respeto.
La indignación por los atracos no puede convertirse en carta blanca para actuaciones que pongan en riesgo vidas inocentes. La eficiencia no se mide por cuántos caen abatidos, sino por cuántas redes criminales se desmontan.
Hoy fijamos nuestra posición con la misma coherencia con la que hemos denunciado la ola de robos: ni impunidad para los delincuentes ni excesos que debiliten la confianza ciudadana.
Porque la seguridad verdadera se construye con justicia, no con improvisación.



