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Pide al Papa convocar líderes religiosos del mundo para frenar riesgo de guerra nuclear

 

Una carta dirigida a Papa León XIV ha llamado la atención en círculos políticos y religiosos internacionales al advertir sobre el peligro de una escalada bélica que podría desembocar en una guerra nuclear global.

Helga Zepp-LaRouche

El documento fue enviado por Helga Zepp-LaRouche, quien solicita al pontífice que lidere una iniciativa internacional de carácter espiritual y moral para detener lo que describe como un posible “descenso hacia un abismo irreparable”.

En la misiva, la autora expresa su preocupación por la creciente tensión internacional y por la posibilidad de que una confrontación militar contra Irán escale hacia un conflicto de alcance mundial. Según plantea, ese escenario podría derivar incluso en una guerra nuclear con consecuencias catastróficas para la humanidad.

Zepp-LaRouche sostiene que el mundo atraviesa una etapa en la que el derecho internacional se encuentra debilitado y en la que, según su análisis, el poder de las grandes potencias está prevaleciendo sobre las normas globales. A su juicio, esta situación ya está provocando deterioro en las condiciones de vida de millones de personas y múltiples pérdidas humanas en distintos conflictos.

Ante este panorama, la fundadora del Instituto Schiller propone que el Papa convoque, junto a los principales líderes cristianos del mundo, una gran movilización espiritual a favor de la paz.

En particular, plantea la posibilidad de que el pontífice se reúna con Patriarca Cirilo de Moscú y Patriarca Bartolomé I para convocar a representantes de todas las religiones, así como a personas creyentes y no creyentes, a un llamado mundial por la paz.

Cardenal Nicolás de Cusa

La carta también hace referencia al pensamiento del filósofo y cardenal Nicolás de Cusa, particularmente a su concepto de Coincidentia Oppositorum —la coincidencia de los opuestos— como una forma de encontrar unidad en medio de las diferencias.

Asimismo, recuerda su obra De Pace Fidei, escrita tras la caída de Constantinopla, en la que se plantea que, pese a las diferencias de ritos y tradiciones, todas las religiones buscan una misma verdad.

En su llamado final, Zepp-LaRouche propone una acción simbólica mundial: que las campanas de las iglesias, el llamado a la oración de las mezquitas y los instrumentos sagrados de las sinagogas resuenen al mismo tiempo como señal de unidad en favor de la paz.

Según la autora, una movilización espiritual de ese tipo podría despertar la conciencia de millones de personas y presionar a los gobiernos para evitar una escalada que ponga en riesgo el futuro de la humanidad.

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