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Corrupción sin vergüenza… ¡y lo dijeron en su cara!

Pero… qué coronel tan verdugo, impidió la entrada de fiscal y cerró la oficina de Fiscalía en el destacamento policial

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!Lo que ocurrió en Comendador, municipio de Elías Piña, no tiene nombre… o sí: corrupción descarada.

En el Hospital Rosa Duarte se armó tremendo lío —y hay video— cuando el doctor Jengo Montero, director del centro, tiró la bomba delante de todo el mundo, incluyendo al director del SNS, Julio Landrón, y autoridades políticas.

El hombre no se anduvo con rodeos… “Me están presionando para que legalice un robo”. Así, claro. Sin maquillaje.

Según denunció, un trabajito eléctrico de RD$50 mil, que lo hicieron en un día, lo quieren convertir, por arte de magia, en una factura de RD$558 mil. Y lo mejor fue su respuesta: “Ni muerto firmo eso”.

¡Ay, mi madre! Ahí fue que se calentó todo. Dicen que por poco se arma un show mayor… y que hasta hubo intentos de callarlo. Pero ya era tarde: el escándalo explotó y con pruebas en mano.

El propio doctor señaló presiones de políticos. Mencionó, entre ellos, al senador y a la gobernadora.

Y ojo: el senador Jonhson Encarnación Díaz trató de impedir que hablara… pero el médico habló, y habló con fuerza.

Aquí no hay mucha vuelta que darle. O se investiga y hay consecuencias, o esto es más de lo mismo: corrupción protegida desde arriba.

Doctor Landrón, usted dijo que iba a investigar… este es su momento. Porque si no pasa nada, mejor no hablemos más de transparencia.

Y mientras tanto, aplausos para el doctor Montero. En un país donde muchos firman sin mirar, éste dijo que no… aunque le cueste el cargo. Y si lo cancelan, entonces sabremos dónde están los corruptos.

Ya en este país se está viendo lo que antes era impensable. ¡Ay Dios! ¿Y qué pasó ahí? Un coronel de la Policía Nacional —que por Constitución es auxiliar del Ministerio Público (artículo 255)— le tranca la puerta e impide la entrada a la oficina de una fiscal. Así, sin más.

La fiscal Geivi Francisco fue impedida de entrar a su oficina en el destacamento de Los Frailes, en Santo Domingo Este. 
¿El responsable? El coronel Julio Alejandro Álvarez Rosario, comandante del Departamento E-6.

Pero el abuso no se quedó ahí. El oficial cambió las cerraduras de la oficina destinada a la Fiscalía. Sí, como si ese destacamento fuera de su propiedad.

Esto no es cualquier cosa. Esto es un desafío abierto al Ministerio Público y a la Constitución.

Y agárrense… porque viene lo más pesado. Según testigos —incluyendo policías— el coronel andaba diciendo, con actitud altanera, que está “enllavado” y protegido por un comunicador poderoso, y que “nadie puede con él”. ¡Ay, Dios mío!

Entonces la pregunta es obligada: ¿Quién es ese comunicador intocable, que le da alas a este nivel de abuso?

Esto es una prueba de fuego para el director de la Policía. Y también para la procuradora Yeni Berenice Reynoso, que tiene que actuar con firmeza.

Porque hay algo claro. Ningún coronel está por encima de la ley. Y si lo está… entonces que nos expliquen… ¿esa es la famosa reforma policial?

Y la cosa no se queda ahí… En El Seibo, agentes de la DICRIM se llevaron a dos menores… sin orden, sin resistencia… pero con maltrato.

Eso sí, a otros que andaban en cinco camiones de ganado “ajeno”… los soltaron rapidito. ¡Qué eficiencia!

En San Pedro de Macorís, Villa Progreso está al grito: delincuencia y puntos de droga creciendo como si nada.

Y en Santo Domingo Este, las quejas siguen: ilegales haciendo de todo… y Migración mirando para otro lado.

Aquí el problema es más grande. Esto no es un caso aislado. Esto es un sistema que huele mal.

Se habla de reforma, de transparencia, de cambios… pero en la práctica, todo sigue manga por hombro. Porque la verdad es una sola: en este país, al que roba lo protegen… y al que denuncia, lo presionan.

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