En Venezuela la traición aflora a distancia

En Venezuela, cuando el poder tiembla, la traición no avisa: se ejecuta a distancia.
Circulan versiones en redes sociales —que deben ser investigadas por las autoridades venezolanas— según las cuales Estados Unidos habría pagado a mandos militares para desactivar las baterías antiaéreas, facilitando así la operación que terminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro. No son rumores menores.
Son señalamientos graves que exigen respuestas.
También ha llegado información de que la vicepresidenta Delcy Rodríguez se encontraba en Moscú al menos 48 horas antes de la captura de Maduro.
Incluso, se afirma que ya habría sido juramentada, con el visto bueno de Washington. ¿Cierto o falso? Que se aclare. El silencio también delata.
Ahora bien, ¿cuál es la explicación del bombardeo a Venezuela y del secuestro del presidente Nicolás Maduro por parte de las fuerzas del llamado Tío Sam?
¿Quién responde?
¿Quién dio luz verde?
¿Quién miró hacia otro lado?
Los militares venezolanos le deben una explicación al pueblo, al igual que sobre la misteriosa ausencia de la vicepresidenta, presuntamente en Moscú, mientras el país ardía y el poder se desmoronaba.
Se dice que mientras el presidente Maduro conversaba por vía telefónica con el mandatario de Estados Unidos, Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello sostenían el discurso de la soberanía. Entonces la pregunta cae sola: ¿qué falló… la inteligencia, la lealtad o la solidaridad?
Entraron, se llevaron al presidente y a su esposa, como quien roba en casa ajena, olvidando una verdad elemental: la solidaridad no se mendiga. La solidaridad real se practica, como entre bomberos, que jamás se pisan la manguera cuando el fuego está encendido.
Y a propósito… ¿recuerdan a Dina Boluarte? La historia reciente del Perú enseña que la traición suele maquillarse de legalidad.
No sería extraño que Delcy Rodríguez corra con mejor suerte, si finalmente es “bendecida” por Donald Trump para ocupar el lugar de Nicolás Maduro en Venezuela.
Porque en política, cuando el imperio decide, los relevos no se votan: se designan.



