Washington y Moscú acercan posiciones; el petróleo podría convertirse en puntillazo para la paz

El acuerdo energético entre Trump y Putin podría reducir la presión sobre los precios del petróleo, reactivar las negociaciones sobre Ucrania y abrir una vía para abordar otros conflictos, incluido el enfrentamiento con Irán.
ESTADOS UNIDOS / RUSIA
Los sectores que apuestan por la confrontación permanente parecen incómodos ante la continuidad del diálogo económico y político entre Estados Unidos y Rusia.
Y no es para menos, detrás del acuerdo sobre el suministro de diésel ruso puede estar gestándose algo mucho más importante que una simple operación comercial.
El presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo ruso, Vladimir Putin, han colocado nuevamente la energía en el centro de la conversación.
Washington acordó facilitar temporalmente las exportaciones de diésel ruso, mientras Moscú se comprometió a incrementar sus suministros a los mercados estadounidense y mundial.
El esquema contempla más de 300,000 toneladas en octubre, 500,000 en noviembre y un millón de toneladas posteriormente, con la posibilidad de que los volúmenes aumenten considerablemente.
Pero el asunto va mucho más allá del combustible. La administración Trump parece estar utilizando el acuerdo energético como una herramienta de negociación para ablandar posiciones en Moscú y regresar al camino de las conversaciones destinadas a poner fin a la guerra en Ucrania.
Reuters confirmó que funcionarios estadounidenses explicaron a representantes ucranianos que el acuerdo sobre el diésel forma parte precisamente de ese esfuerzo.
Y aquí aparece la verdadera dimensión del movimiento.
Si Washington y Moscú consiguen establecer un entendimiento sobre el suministro de energía, detener los ataques contra refinerías e infraestructura energética y reducir progresivamente las sanciones, podrían estar creando las condiciones para una negociación más amplia sobre Ucrania.
Trump incluso ha planteado una especie de tregua energética entre Rusia y Ucrania: que ambas partes suspendan los ataques contra refinerías, centrales eléctricas y otras instalaciones estratégicas. Si ese primer paso funciona, podría convertirse en la antesala de acuerdos más amplios.
El petróleo puede ser la llave
El mercado energético internacional se encuentra bajo una enorme presión. La guerra en Oriente Medio, las restricciones de suministro y los problemas derivados de los ataques contra instalaciones petroleras han elevado considerablemente los precios.
El 13 de octubre, el Brent cerró en 105.69 dólares por barril, mientras el WTI terminó en 94.14 dólares, en medio de las preocupaciones por el suministro mundial. Al mismo tiempo, las expectativas generadas por el acuerdo energético entre Washington y Moscú comenzaron a ejercer presión en sentido contrario sobre los precios.
Por eso, un acuerdo más amplio entre Estados Unidos y Rusia que permita recuperar volúmenes importantes de combustibles y, eventualmente, de petróleo, podría convertirse en un puntillazo para reducir la presión sobre los precios internacionales.
No significa que el acuerdo actual vaya a desplomar inmediatamente el precio del crudo. Los analistas consideran que los primeros volúmenes de diésel son relativamente pequeños frente al déficit mundial y, por sí solos, tendrían un efecto limitado sobre el mercado.
Pero el mensaje político y económico sí es considerable.
Ucrania: el punto de quiebre
La otra pieza del tablero es Ucrania.
La relación entre Trump y el presidente Volodímir Zelenski se encuentra en uno de sus momentos más difíciles. Trump ha cuestionado abiertamente la estrategia de Kiev de atacar instalaciones energéticas rusas y ha insinuado una reducción del respaldo estadounidense, mientras Zelenski insiste en que Ucrania continuará golpeando objetivos energéticos rusos mientras Moscú mantenga sus propios ataques.
Esta confrontación puede terminar siendo precisamente el elemento que obligue a las partes a sentarse nuevamente a negociar.
Si se logra una tregua energética, se normalizan parcialmente los flujos de combustible y Washington y Moscú mantienen abierto el canal económico, la energía podría transformarse en la primera ficha de un acuerdo mucho mayor sobre Ucrania.
Y si Ucrania entra en ese proceso, Europa difícilmente podrá permanecer al margen.
¿Y qué tiene que ver Irán?
Mucho.
La guerra y las tensiones alrededor de Irán, el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz constituyen uno de los principales factores de riesgo para el mercado petrolero mundial. Cualquier entendimiento que reduzca la confrontación en Oriente Medio tendría un efecto inmediato sobre las expectativas de suministro y, por tanto, sobre el precio del crudo.
Por eso, un eventual entendimiento Washington-Moscú no necesariamente tendría que quedarse en Ucrania.
Rusia mantiene influencia sobre Irán y vínculos importantes con distintos actores de Oriente Medio. Estados Unidos, por su parte, tiene capacidad militar, económica y diplomática determinante en la región.
Si Trump logra primero un entendimiento con Putin y posteriormente utiliza ese nuevo canal para facilitar conversaciones sobre Ucrania y Oriente Medio, podría producirse una recomposición geopolítica de grandes dimensiones.
No estamos diciendo que la paz esté garantizada.
Estamos diciendo que el petróleo, las sanciones y la diplomacia económica podrían estar convirtiéndose en las nuevas herramientas para intentar conseguirla.
Y ahí está la verdadera importancia del diálogo Washington-Moscú.
Los enemigos de cualquier entendimiento entre las grandes potencias pueden protestar, presionar y tratar de bloquearlo. Pero si una negociación consigue simultáneamente bajar los precios de la energía, reducir la presión económica, detener los ataques contra infraestructura estratégica y abrir conversaciones sobre Ucrania, el tablero internacional comenzaría a cambiar.
Y si ese mismo canal termina extendiéndose hacia Irán y los demás conflictos de Oriente Medio, el mundo podría estar ante algo mucho más grande que un simple acuerdo de diésel.
Podría ser el comienzo de una negociación global en la que el petróleo deje de ser combustible para la guerra y empiece a convertirse en una herramienta para la paz.



