NACIONALESOPINION

Cuando la política exterior se paga en petróleo

 

Por Margarita de la Rosa

En un mundo donde la energía se negocia según la geopolítica, la falta de prudencia estratégica reduce las opciones de los países pequeños y expone sus vulnerabilidades

En el tablero internacional, el petróleo ha dejado de ser un simple recurso energético para convertirse en un instrumento de poder.

La reciente decisión de Irán de permitir el paso de buques únicamente a países no considerados hostiles confirma una realidad incómoda: hoy, el acceso a la energía también depende de la posición política de cada nación.

En ese contexto, República Dominicana enfrenta una verdad que merece ser analizada con serenidad y responsabilidad: nuestra alta dependencia energética y nuestro limitado margen de maniobra diplomática nos colocan en una situación de vulnerabilidad.

No siempre fue así.

Hubo un tiempo en que mecanismos como el Acuerdo de San José y posteriormente Petrocaribe ofrecieron a países como el nuestro alternativas viables para el suministro de petróleo, con condiciones favorables y cierto grado de autonomía frente a los vaivenes de las grandes potencias.

Aquella red de cooperación energética representaba un colchón estratégico para economías pequeñas y abiertas como la dominicana.

Hoy, ese margen se ha reducido. La política exterior dominicana, en los últimos años, ha estado marcada por un alineamiento claro con Estados Unidos. Más allá de las explicaciones oficiales sobre el carácter logístico de algunas decisiones —como la autorización del uso de aeropuertos en un contexto de tensión regional—, lo cierto es que estas acciones fueron interpretadas por países como Venezuela como una señal inequívoca de posicionamiento.Y en geopolítica, las percepciones también tienen consecuencias.

Esa lectura contribuyó a enfriar unas relaciones que ya venían deteriorándose, cerrando espacios que en otros momentos pudieron haber servido como alternativa en escenarios de crisis energética.

No se trata de cuestionar alianzas históricas ni de desconocer la importancia de nuestros vínculos con Estados Unidos, sino de reflexionar sobre la necesidad de una política exterior más prudente, equilibrada y estratégica.

Mientras grandes economías diversifican sus fuentes de energía y mantienen abiertos múltiples canales diplomáticos, los países pequeños deben actuar con mayor cautela.
No pueden darse el lujo de reducir su margen de acción. Porque cuando se estrechan las relaciones, no solo se pierden aliados: también se pierden opciones.

Y hoy, cuando el petróleo comienza a distribuirse no solo por mercado sino por afinidades políticas, la realidad se impone con crudeza: en un mundo que premia la neutralidad inteligente, la falta de equilibrio puede terminar pagándose… literalmente, en combustible.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba