¡Cógelo, Picante! Ni censura a comunicadores ni impunidad para los corruptos

Cada quien responde por lo que dice, pero señalar a un ciudadano como delincuente y anunciar que la Policía lo pondrá en 29 no es cualquier cosa. Mientras tanto, Haití toma medidas en la frontera que aquí debieron aplicarse desde el escándalo de los furgones en Aduanas.
Buenos días…
Nosotros no tenemos que mandar a callar a ningún comunicador. ¡No! ¡Jamás esperen eso de nosotros!
Cada comunicador es responsable de lo que dice y nosotros respetamos su criterio. ¡Que quede claro!
Ahora bien, una cosa es informar, opinar o denunciar y otra muy distinta es señalar públicamente a un individuo como un «peligroso delincuente» y advertir que, si no se entrega, la Policía lo pondrá en 29. ¡Cuidado con eso!
Si quien hace semejante declaración tiene miles de seguidores, mucho más delicado resulta el asunto. Ese no es el papel que nosotros entendemos que debe desempeñar un comunicador. Pero respetamos su criterio, aunque no necesariamente compartamos su manera de actuar.
Entendemos que ese lenguaje podría corresponder a un vocero policial, a alguien que actúe en nombre de la institución o a una bocina al servicio de la Policía. ¡En buen dominicano, que cada quien sepa cuál sombrero lleva puesto!
Para eso está el Ministerio Público, si es que está dispuesto a actuar. Si la familia de la persona señalada, que posteriormente resultó muerta en una intervención policial, entiende que hubo responsabilidad, ahí están las vías legales, las investigaciones y los tribunales.
Que se investigue lo que haya que investigar y que cada cual responda por sus actos, si corresponde. Nosotros no nos inmiscuimos en los asuntos ni en las opiniones de ningún comunicador.
Respetamos los medios, respetamos a los comunicadores y respetamos a los periodistas. Pero hagamos una aclaración: no todo comunicador es periodista, aunque todo periodista es comunicador.
Y en cuanto a las bocinas, no nos interesa perder tiempo con ellas. El Gobierno dispone de recursos públicos para la comunicación y la propaganda. Otra cosa es determinar cuánto se gasta, en qué se gasta y si ese dinero termina financiando voces independientes o altavoces del poder. ¡Ahí es donde hay tela por donde cortar!
¡Haití se puso las pilas y aquí siguen en el allante!
¡Increíble, pero cierto! Haití tomó una decisión que la República Dominicana debió haber considerado desde que estalló el escándalo de los furgones en Aduanas.
Ese caso, sobre el que se han planteado denuncias de presunta corrupción, todavía merece explicaciones claras y responsabilidades, si las investigaciones las establecen. Y quién sabe si, por su dimensión, termine siendo considerado pequeño al lado del escándalo de SeNaSa. Eso tendrá que determinarse con hechos, documentos e investigaciones, no con cuentos.
Lo que sí resulta preocupante es el golpe que estos casos representan para la credibilidad de la lucha contra la corrupción. Porque, si de verdad se quiere combatir ese mal, hay que investigar, someter a los responsables cuando existan pruebas y recuperar lo robado, si se comprueba que hubo desfalco.
De lo contrario, todo se queda en lo mismo: ¡mucho amagar, poco dar… mucha espuma y poco chocolate!
La medida adoptada por Haití establece que los productos que no sean producidos en la República Dominicana no podrán entrar a su territorio por la frontera dominico-haitiana. ¡Tomen nota!
Sobre el papel, la disposición apunta a un control comercial más estricto. Y deja una pregunta incómoda: ¿está Haití ejerciendo determinados controles fronterizos con más rigor que nosotros?
Una cosa es anunciar medidas y otra es hacerlas cumplir. Porque en la frontera dominico-haitiana hay demasiados asuntos que necesitan vigilancia, transparencia y controles efectivos.
Ahí están las denuncias sobre el tráfico de indocumentados, el intercambio irregular de mercancías y los movimientos ilegales de un lado al otro. Y cuando hablamos de mafias, no podemos ignorar la posibilidad de que existan redes que operen con colaboradores a ambos lados de la frontera.
¡Pero cuidado! Una cosa es denunciar y otra es presentar como probado lo que todavía debe investigarse.
Tampoco podemos establecer, sin pruebas, si el eventual cruce ilegal de integrantes de pandillas haitianas cuenta con ayuda de autoridades haitianas. Lo que sí debe investigarse es cualquier posible complicidad, de este lado o del otro.
¿Y por qué insistimos en el tema? Porque las propias autoridades dominicanas aseguran que la frontera está «sellada».
¡Pues que expliquen cómo se controla, qué resultados han obtenido y qué medidas aplican para impedir el paso ilegal de personas vinculadas a estructuras criminales!
Si está sellada, que lo demuestren con resultados. Y si tiene brechas, que las identifiquen y las cierren. ¡Menos declaraciones para la galería y más controles efectivos!
¡Las pandillas también hacen negocios! El problema haitiano no se limita a los hombres armados que aterrorizan barrios enteros. Detrás de algunas de estas estructuras criminales también hay negocios y mecanismos para mover dinero.
Según una investigación publicada por AyiboPost, el líder de la pandilla Christ-Roy «Krisla» Chery es propietario de un banco de apuestas ilegales llamado New-York New-York, así como de un negocio de apuestas deportivas en línea denominado «paryaj».
La información fue atribuida por AyiboPost a Mounson Jean, director comercial de la Lotería Estatal de Haití (LEH). Además, otras dos fuentes del barrio de Fontamara, considerado bastión del líder pandillero, confirmaron al medio la existencia de esos negocios. ¡Ahí está otro frente que no puede ignorarse!
Cuando las estructuras criminales presuntamente cuentan con negocios para generar ingresos, la respuesta no puede limitarse a perseguir a los hombres armados. También hay que investigar el dinero, identificar a quienes manejan esos negocios y determinar si existen redes de protección o complicidad.
Porque mientras haya dinero, logística y posibles colaboradores, las pandillas tendrán mecanismos para sostener sus operaciones.
La frontera no se sella con discursos, la corrupción no se combate con poses y la delincuencia no se enfrenta con amenazas para la galería. ¡Se combate con controles, investigaciones, pruebas y consecuencias!



