
Por el Dr. Bienvenido Segura
Pediatra Clínico
La opinión pública es escenario de intensos debates a raíz de la controversia entre la periodista Nuria Piera y el Dr. José Ernesto Fadul, discusión que incluso ha motivado la intervención de las autoridades sanitarias.
El centro de esta disputa es el tratamiento farmacológico que le da el Dr. Fadul a cientos de niños que viven con el Trastorno del Espectro Autista (TEA). Pero más allá de las posiciones encontradas y del inevitable ruido mediático, esta discusión debería llevarnos a una reflexión más profunda sobre cómo estamos enfrentando el autismo en RD.
El TEA es una condición del neurodesarrollo cuya prevalencia ha aumentado en todo el mundo debido a un mayor reconocimiento clínico y a mejores herramientas diagnósticas. Esto significa que más familias buscan orientación, diagnóstico temprano y opciones terapéuticas para sus hijos. En este contexto, el primer principio que debe guiar cualquier debate es la ciencia.
En la actualidad el tratamiento de cualquier entidad debe estar respaldado por evidencia científica rigurosa, evaluado por la comunidad médica y reproducible en distintos contextos clínicos.
Cuando hablamos de niños, la prudencia, la ética y el rigor científico no son opcionales; constituyen una responsabilidad fundamental. Sin embargo, el debate también debe reconocer la realidad emocional de las familias.
Para muchos padres, recibir el diagnóstico de autismo representa un momento de profunda incertidumbre y en ese escenario, cualquier tratamiento con promesa de mejoría puede generar fe y esperanza. Por esa razón pienso que la solución no está en condenar al Dr. Fadul, sino tratar de regular su ejercicio profesional y ofrecerles a estas familias, orientaciones claras y honestas, basadas en la mejor evidencia disponible.
El desafío que enfrenta el país va más allá de una controversia puntual. RD necesita fortalecer sus programas de detección temprana, ampliar el acceso a terapias especializadas, formar más profesionales en neurodesarrollo infantil y crear políticas públicas que acompañen a las familias en el proceso de atención y rehabilitación.
La participación del Ministerio de Salud Pública en esta discusión podría convertirse en una oportunidad para avanzar hacia la construcción de protocolos más claros que orienten el manejo clínico del autismo.
El TEA no debe convertirse en un escenario de confrontación mediática, porque al final, más allá de cualquier debate público, lo verdaderamente importante es garantizar que los niños con autismo tengan acceso a diagnóstico oportuno, terapias adecuadas y oportunidades reales para desarrollar todo su potencial.



