OPINION

Europa se desborda y RD carga con su propia crisis migratoria

 

La advertencia del exjuez del Tribunal Constitucional Jottin Cury Hijo sobre la presión migratoria en Europa encuentra un preocupante espejo en la República Dominicana, que enfrenta el éxodo haitiano mientras la comunidad internacional continúa sin resolver la crisis de Haití.

 

Francia, España y otras naciones europeas, con mayores recursos e instituciones fortalecidas, enfrentan una creciente presión migratoria que desborda sus sistemas de control.

En República Dominicana, el problema adquiere una dimensión todavía más delicada: un país pequeño y con recursos limitados comparte una frontera con Haití, sumido en una crisis de violencia, hambre, desplazamiento y ausencia de autoridad estatal.

Comentando la preocupación del magistrado Jottin Cury Hijo

El exjuez del Tribunal Constitucional, Dr. Jottin Cury Hijo, ha puesto el dedo en la llaga sobre un tema que sacude a Francia, España y a toda Europa: la llegada masiva e irregular de inmigrantes. Su preocupación no es un hecho aislado; es la fotografía de un cuadro mundial muy complejo que se repite, con diferentes características, en distintos continentes.

Jottin Cury hijo
Jottin Cury hijo

Lo que el magistrado Cury describe en Europa -Estados ricos, con instituciones fuertes, gastando millones de euros y creando organismos especiales que no logran controlar plenamente la inmigración irregular- encuentra un espejo dramático y más crudo en la isla de Santo Domingo.

Si potencias como Francia y España están desbordadas, ¿qué le espera a República Dominicana, un país pequeño y con recursos limitados?

República Dominicana, con unos 11 millones de habitantes, tiene que asumir la presión demográfica de su vecino Haití, un Estado sumido en una profunda crisis, donde imperan la violencia de las bandas, el hambre y la anarquía. No se trata de falta de solidaridad humana; se trata de capacidad de carga. Ningún país pequeño puede echarse sobre sus hombros el colapso de otro.

Las cifras oficiales dimensionan el fenómeno que el magistrado Cury alerta para Europa. Solo en 2025, la Dirección General de Migración dominicana repatrió a 379,553 nacionales haitianos en condición irregular. Entre enero y agosto de 2026, la cifra supera los 265,000, con un promedio de unos 30,000 al mes.

Según organismos internacionales, entre ellos la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y las Naciones Unidas, más de 220,000 personas han sido retornadas a Haití en 2026, el 99 % desde República Dominicana.

Del otro lado de la frontera, la causa del éxodo es devastadora. Haití tiene más de 1.3 millones de desplazados internos, hospitales cerrados, 5.4 millones de personas enfrentando hambre aguda y amplias zonas de Puerto Príncipe bajo el control de pandillas.

La gente no huye por gusto; huye por supervivencia. Pero la responsabilidad de estabilizar Haití no puede recaer únicamente sobre República Dominicana.

Aquí es donde la preocupación del Dr. Cury conecta con la realidad dominicana: la mirada cómplice o indiferente de algunas potencias y de determinados sectores internos.

Mientras la comunidad internacional habla mucho y hace poco, Francia refuerza sus controles fronterizos, España reclama mayor asistencia europea y la Unión Europea debate su política migratoria. Todos defienden su soberanía.

¿Por qué se le exige entonces a República Dominicana que renuncie a la suya?

Defender la soberanía no es xenofobia, como ha señalado el Tribunal Constitucional en diversas sentencias. Defender la soberanía no significa renunciar a la humanidad, pero defender los derechos humanos tampoco puede significar exigirle a República Dominicana que renuncie al control de su territorio.

El cuadro mundial es alarmante. En Europa, embarcaciones llegan a Lampedusa y otras zonas del Mediterráneo. En América, caravanas migratorias atraviesan el Darién y se dirigen hacia la frontera de Estados Unidos. En el Caribe, la presión sobre la frontera dominico-haitiana es constante.

Son movimientos migratorios masivos y difíciles de controlar que ponen a prueba los sistemas de salud, educación, empleo y seguridad de los países receptores, especialmente de aquellos con menores recursos.

La alerta del magistrado Jottin Cury Hijo debe servirnos de lección. República Dominicana necesita una política migratoria firme, humana y ajustada a la ley, pero, sobre todo, necesita que la comunidad internacional asuma su parte de responsabilidad.

Sin un plan real y sostenible para rescatar a Haití del caos, la isla seguirá cargando sola con una crisis que no creó.

El cuadro mundial es muy feo: migraciones masivas, fronteras bajo presión y Estados intentando contener una realidad que, por décadas, la comunidad internacional no ha sabido resolver.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
WordPress Lightbox