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Con la «reforma policial», la vida no vale nada… con más cámaras, más muertos y menos vergüenza

El Tribunal Constitucional recuerda la importancia de motivar bien sus fallos. ¡Correcto! Pero también debe exigir que sus decisiones se cumplan y no sean desacatadas.

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!¡Qué descaro tan vergonzoso! Ejecutar a un ciudadano desarmado con un disparo y luego sembrarle un arma. Ese es el Ave María repetido en cada ejecución policial. Así opera hoy la llamada institución del orden, que después de la “reforma” se ha convertido en un desorden con uniforme.

Estamos de vuelta a los peores tiempos del balaguerismo. Y cuidado: estamos peor.

Que nadie diga que no se advirtió. Hace apenas unos meses, esa misma Policía asesinó a dos jóvenes en La Romana y, ya muertos, les colocó armas sobre el pecho para justificar lo injustificable. Historia que se repitió en La Barranquita, en Santiago.
¿La ministra Faride Raful no vivió ni conoce los crímenes policiales del pasado, que hoy se repiten, con libreto viejo y balas nuevas?

Ciento ochenta y nueve crímenes documentados, con datos «irrefutables», reforzados en los últimos meses tras la masacre de La Barranquita, en Santiago.
¿Esa es la reforma policial?

¿Más “intercambios”, más muertos, cámaras corporales y uniformes nuevos?

¿Eso es todo, señora ministra, señor Presidente?

Mientras tanto, el microtráfico parece haberse integrado a la cotidianidad oficial, como parte del paisaje de la corrupción tolerada.

Lo ocurrido en Villa Consuelo es una afrenta nacional. La Policía llega, rocía gas pimienta, pretende incautar una bocina, que por cierto, la música estaba baja, y aun así desata un tiroteo. Resultado: un joven muerto de un disparo por la espalda, agentes huyendo y un cadáver abandonado en un charco de sangre.

Luego aparece la versión oficial: “se ocupó un arma ilegal”. Falso. Falso.
Ese embute solo busca lavar una ejecución. Una muerte que políticamente se le pega a la ministra Faride Raful, por su cruzada represiva contra la bulla… incluso en Navidad.

Esa narrativa es parte de la miseria institucional que se vive en el país.

Demasiados asesinatos. El Gobierno, el PRM, la ministra Faride Raful y la Policía cargan con una responsabilidad política ineludible. La sangre inocente no se borra con comunicados. 189 ejecuciones en menos de un año, pone a cualquiera con el pelo de punta.

Y resulta indignante escuchar que no se combate el narco, el narcopolítico ni el microtráfico, mientras los escándalos oficiales hacen más daño en los barrios que cualquier punto de droga. ¿Responsabilidad, ministra?


La población sí debe reconocer a quienes salvan vidas, no a quienes las quitan. Nuestro respeto a los socorristas que sacrifican su Navidad para proteger personas y bienes, encabezados por el general Juan Manuel Méndez. A ellos, honor y gratitud.

Cerramos otro año sin un solo indulto presidencial. Mensaje claro: para los privados de libertad no hay esperanza. Portarse bien no sirve. Para el presidente Luis Abinader, quien cayó preso que cumpla completo… salvo que se trate de cuello blanco, corrupción o narpolíticos. Para esos no hay indultos, pero sú acuerdo.

Navidad fría… por fuera y por dentro. La Onamet anuncia frente frío y lluvias. Nochebuena fría, literal. Pero más fría está la sensación de país, donde la justicia no abriga y el poder no protege.

El Tribunal Constitucional recordó la importancia de motivar bien sus fallos. Correcto.
Pero también debería exigir que sus decisiones se cumplan, especialmente por las instituciones del Estado, que suelen ignorarlas porque el poder no solo se ejerce: también se abusa.

Una Navidad de dolor. Triste Nochebuena para quienes pasarán estos días en una cama de hospital. Oremos por su recuperación, para que puedan recibir el Año Nuevo en casa, con vida y dignidad.

Y al cierre… ¡Ojo!. Nos llega información de que las supuestas amenazas contra Santiago Hazim estarían siendo planificadas para ser utilizadas como coartada perfecta para sacarlo de la cárcel. El libreto sería conocido: invocar “razones de seguridad” para mutar la prisión preventiva por arresto domiciliario.

No se sorprendan si ocurre. Lo advertimos a tiempo: su permanencia en prisión apunta a ser efímera. En este país, cuando el expediente pesa, la comodidad siempre aparece.

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