De la reducción de la soberanía, la corrupción en SENASA… ¿y qué más?
De la reducción de la soberanía, la corrupción en SENASA… ¿y qué más?

Por Augusto Álvarez
El final del año 2025 será recordado por una serie de episodios que gravitarán por siempre en la conciencia nacional.
Hechos que no solo marcaron la agenda pública, sino que expusieron con crudeza las debilidades del Estado, la falta de previsión y la ausencia de consecuencias reales para los responsables.
Primero, la decisión de Estados Unidos de ocupar partes del llamado “patio trasero”, específicamente el Aeropuerto Internacional de Las Américas y la Base Aérea de San Isidro, para planes de carácter agresivo contra una nación soberana, sin que mediara una decisión del Congreso Nacional. Un golpe directo a la soberanía dominicana, ejecutado en silencio y tolerado desde el poder.
Segundo, el escándalo de SENASA, un verdadero crimen contra la salud de sus afiliados, que perfila como uno de los mayores casos de corrupción en la historia nacional. Un entramado de saqueo y abuso que aún espera una investigación profunda y transparente, capaz de revelar hasta dónde llegan los implicados y quiénes protegieron este atentado contra la salud pública.
Tercero, el gran apagón, símbolo de la improvisación oficial y la falta absoluta de previsión, que en cuestión de minutos sumió al país en la oscuridad. ¿La solución? Mover funcionarios, como si el problema fuera de nombres y no de estructuras podridas y negligencia acumulada.
Cuarto, la tragedia de la discoteca Jet Set, donde el colapso del establecimiento dejó 236 personas sepultadas, evidenciando la ausencia de autoridad real para enfrentar a “los dueños del circo”. Una catástrofe anunciada, resultado directo de permisividad, corrupción y desprecio por la vida humana.
Así se cierra un año que termina entre lágrimas de deudos, silencios oficiales y una justicia que no llega. Un 2025 marcado por la impunidad, donde los hechos más dolorosos aún esperan respuestas claras y responsables con nombre y apellido.
Y la pregunta final queda en el aire: si el presidente asegura saber cómo cayeron algunos en supuestos “intercambios de disparos”, ¿por qué no se investiga a fondo, si las cámaras integradas lo grabaron todo? La verdad no debería temerle a la luz.



