¿Debe el Estado prolongar la existencia de ratas?
La niñez no se defiende sola: es deber del Estado, la familia y la sociedad.

Por Augusto Álvarez
¿Debe el Estado invertir recursos para mantener en prisión a quienes se autoconfiesan autores de la violación y asesinato de una bebé?
Eso es lo confesado por dos subproductos de Drácula de la vida real. ¿Dicen la verdad?
Buscar la verdad detrás de la asqueante versión de ratas implicadas en el final de la inocencia en Puerto Plata.
Existe un gran riesgo al poner el dedo acusador sobre quienes “ya confesaron”, ignorando si el clásico garrote policial jugó su rol.
[La inocencia de un niño no es debilidad: es un tesoro sagrado que la sociedad entera está obligada a cuidar, proteger y defender, incluso cuando el mundo adulto falla.]
Imbert es una pequeña comunidad de Puerto Plata donde todos se conocen y aspiran a que los culpables de la monstruosidad comprobada se pudran en el 15 de Azua.
Si los investigadores policiales realmente capturan a los culpables y la Fiscalía deja de ser un sello gomígrafo, ¿qué hacer con los monstruos?
Finalmente, tenemos que recordar que cuando no existe la pena de muerte, los verdugos de la niñez no merecen compasión alguna: su destino debe ser pudrirse tras las rejas, pagando cada día por el daño irreparable que causaron.
Es obligación ineludible de las autoridades investigar con rigor, juzgar con pruebas y castigar con el máximo peso de la ley a todo violador o asesino de un niño, niña o adolescente.
La indulgencia en estos crímenes no es justicia, es complicidad, y un Estado que no protege a su infancia renuncia a su razón moral de existir.



