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República Dominicana en caos: corrupción, crimen y abandono

Abinader habla de transparencia mientras el país se hunde en violencia, narcopolíticos, apagones y abandono de obras públicas... La ciudadanía exige respuestas reales.

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!Es una pena que en pleno 2026, el presidente Luis Abinader hable de transparencia y lucha contra la impunidad, mientras se pisan las leyes y la Constitución sin pudor.

La libertad de expresión, la transparencia y la lucha contra la corrupción fueron bandera de quienes se llamaron «Marcha Verde», un movimiento que desapareció tan pronto logró su objetivo: llevar a Abinader al poder en 2020. Hoy, esas banderas están enterradas bajo la indiferencia oficial.

El superministro José Ignacio Paliza habla de cambios en el gabinete y pone su cargo a disposición del presidente. Consejo: que renuncie y se tome unas vacaciones lejos del país, a Miami o cualquier ciudad, donde no pueda seguir complicando la política dominicana.

En Cógelo, Picante, es un espacio independiente, sin bandera, sin miedo y con la vista 20-20, pendientes de todo y publicando solo cuando tenemos pruebas.

Y como cortesía de la Viejita Belén —porque los Reyes huyeron aterrados ante la inseguridad, el narcotráfico, los narcopolíticos y las mentiras— presentamos los principales problemas denunciados por los dominicanos en 2025. Avisamos: si nos equivocamos, nuestro espacio está abierto a los opositores, a los que venden a República Dominicana como “la maravilla del Caribe”, y a todos los que prefieren taparse los ojos antes que enfrentar la cruda realidad.

1. Delincuencia, violencia y ejecuciones

El crimen organizado, los robos, las ejecuciones y la violencia descontrolada mantienen al país en un estado de terror cotidiano.

2. Alto costo de la vida y crisis económica

La inflación y los precios disparados estrangulan a las familias, mientras los salarios permanecen congelados.

3. Inseguridad jurídica y justicia deficiente

Tribunales lentos, impunidad para casos graves y un Código Penal que genera más dudas que soluciones.

4. Corrupción pública

Desde la Presidencia hasta los niveles locales, la corrupción sigue enquistada, y la transparencia prometida se convirtió en un chiste de mal gusto.

5. Caos en el tránsito y abandono vial

Calles saturadas, conductores sin civismo y obras como túneles, elevados y el metro abandonadas a su suerte.

6. Apagones y fallos en servicios esenciales

Un país sin electricidad paraliza hospitales, metro y tráfico, mientras el gobierno sigue mirando para otro lado.

7. Falta de agua y problemas de saneamiento

Comunidades como Yaguate siguen sin agua potable, y el drenaje urbano es un desastre constante.

8. Transporte público deficiente

Sistema insuficiente, filas eternas y caos en emergencias o fenómenos meteorológicos.

9. Migración, deportaciones y derechos humanos

Miles de dominicanos y haitianos repatriados, mientras la atención a migrantes y la protección de derechos humanos deja mucho que desear.

10. Tráfico humano y explotación

Mujeres y niños siguen siendo víctimas de redes de explotación, un drama que permanece casi invisible para las autoridades.

11. Crimen organizado y narcopolíticos

La vigilancia internacional sobre el país no es casualidad: República Dominicana se ha convertido en un puente para el narcotráfico y la complicidad de autoridades con “cosas raras” es alarmante.

12. Riesgo institucional

Si el gobierno se equivoca en nombramientos y complacencias, el país puede seguir el camino de Venezuela: corrupción, microtráfico y altos mandos cuestionados por lavado y complicidad con el crimen.


Presidente Abinader, los ojos de la ciudadanía y del mundo están sobre usted. Si los designados para ver por nuestra seguridad no son oficiales íntegros, sin mancha y capaces de enfrentar la corrupción y el crimen organizado, República Dominicana seguirá hundiéndose en impunidad, violencia, la inseguridad y abandono.

Y recuerde: las instituciones públicas no son casas de familia, ni agencias para complacer a padres, hijos, hermanos, sobrinos o amigos. El país necesita eficiencia, no favoritismos ni complacencias.

Presidente: el que trabaja pensando en ganar elecciones, en el 2028 o en su reelección.
Estadista: quien trabaja pensando en el progreso y el futuro del país, sin importar la politiquería ni los intereses personales.

El que tenga ojos, que vea; y el que tenga oídos, que deje de hacerse el tonto y escuche.

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