El Seibo grita: cloacas colapsadas, hedor insoportable y autoridades desaparecidas
¡Cógelo, Picante! Comunitarios se sienten huérfanos de autoridad y denuncian que policías estarían cobrando “peaje” en puntos sospechosos.

Buenos días…
¡Cógelo, Picante! estuvo por los predios de El Seibo y lo que encontramos no fue precisamente tranquilidad.
Comunitarios de esta ciudad oriental apuntaron sus cañones para denunciar múltiples problemas. Pero lo más doloroso es que muchos dicen sentirse desprotegidos y abandonados, como si en la provincia no existiera autoridad alguna que escuche o responda.
Amas de casa se quejan de que los artículos de primera necesidad están por las nubes. La canasta familiar se ha vuelto casi intocable para el bolsillo popular, mientras los precios siguen subiendo sin control.
Y contrario al discurso optimista que algunos repiten, la pobreza no se detiene; avanza, crece y golpea cada día más fuerte.
La situación hospitalaria en la provincia, según denuncian los comunitarios, sigue deteriorándose. Servicios precarios, carencias y promesas que no terminan de convertirse en soluciones.
El grito colectivo en barrios y comunidades es uno solo: “Aquí no tenemos autoridades”.
Ese clamor se escucha cada vez más fuerte y también ha sido recogido por el programa Conectando las Comunidades, transmitido por R104.3 FM, canal 20 Visión HD y redes sociales.
Pero las sorpresas no terminan ahí. Según informaciones que circulan en la zona, al Ayuntamiento del distrito municipal El Cedro, en Miches, provincia El Seibo, le habrían suspendido el servicio eléctrico. ¿La razón? Se habla de conexiones irregulares detectadas en sus instalaciones.
Si eso es cierto, sería un bochorno institucional. Y si no lo es, que las autoridades del PRM, allí, lo aclaren de inmediato, porque el rumor ya corre por las calles.
Mientras tanto, moradores del barrio Los Hoyitos, en los alrededores del Parque Ecológico de El Seibo, están con el grito al cielo. Denuncian que aguas negras brotan de una tubería de la cárcel Pedro Santana, provocando un hedor insoportable a materia fecal.
La gente lo dice sin rodeos: “Aquí no se puede respirar”. El llamado va directo: Presidente Luis Abinader, intervenga.
Porque la pregunta también se repite en las calles: ¿Dónde están las autoridades de Salud Pública?
Pero el rosario de quejas continúa. En la comunidad Mata de Palma, los residentes dicen estar cansados de promesas. Reclaman la construcción de un hospital prometido una y otra vez, pero que nunca pasa del discurso al ladrillo.
Y como si fuera poco, otra denuncia sacude la provincia. Comunitarios piden a los agentes de la Policía Nacional que guarden las formas, porque aseguran que algunos vehículos policiales han sido vistos visitando puntos de drogas.
Incluso circula un video que, según los denunciantes, muestra agentes cobrando “peaje” en uno de esos puntos, en la calle 26 de Febrero del sector Los Cajuiles.
Si ese material es real, las autoridades tienen la obligación de investigarlo de inmediato. La confianza pública no puede seguir cayendo en un barril sin fondo.

Y volvemos al problema mayor: el sistema cloacal de El Seibo está prácticamente colapsado, mientras las autoridades parecen mirar hacia otro lado.
Para rematar, se anuncia que en los próximos días el gobierno inaugurará la carretera El Seibo–Las Cuchillas. Pero residentes advierten que el puente principal está deteriorado y temen que solo le den una “lavada de cara” para la foto, sin resolver el problema de fondo.


Dinero para maquillaje parece haber. Para soluciones duraderas, quién sabe.
Comunitarios de El Cuey amenazan con nuevas protestas si no se inician los trabajos de la carretera y los puentes de esa comunidad.
Y en medio de todo esto, productores de cacao también levantan la voz. Denuncian una caída en los precios del producto, mientras sus derivados, como el chocolate, siguen vendiéndose cada vez más caros en el mercado. En otras palabras: al productor le pagan menos, pero al consumidor le cobran más.
Y así, entre cloacas desbordadas, hospitales prometidos, denuncias de irregularidades y precios que asfixian, El Seibo sigue esperando algo básico: que aparezcan las autoridades y hagan su trabajo.



