DEPORTESNACIONALES

Uniforme número 67: la carrera que Japón nunca ha olvidado

El 14 de octubre de 1964, en el Estadio Nacional de Tokio, se disputaba la carrera de los 10.000 metros. Los ganadores ya celebraban su triunfo, pero en la pista quedaba un solo hombre: Ranatunge Karunananda, con el dorsal 67, representando a Ceilán (hoy Sri Lanka).

Karunananda había sido doblado cuatro veces por el vencedor, el estadounidense Billy Mills. Corría enfermo, con un dolor visible y creciente. Nueve corredores ya se habían retirado y la lógica indicaba que él debía hacer lo mismo.

Al principio, el público se burló.

Luego vinieron los abucheos.

Pero Karunananda siguió avanzando, vuelta tras vuelta, con un solo objetivo: terminar la carrera, costara lo que costara.

El estadio pasó de la burla al silencio.

Y del silencio, a una ovación ensordecedora.

Más de 70.000 personas terminaron de pie, animando al último lugar con más fuerza que al propio ganador.

Al cruzar la meta, explicó por qué no se rindió: “Tengo una hija pequeña en casa. Cuando crezca, quiero decirle que su padre fue a los Juegos Olímpicos y corrió hasta el final, aunque perdió.”

Agregó que su país había hecho un enorme sacrificio económico para enviarlo a los Juegos, y que no podía pagarles con una rendición.

Japón quedó tan conmovido que durante años incluyó su historia en los libros de texto de primaria bajo el título “Uniforme número 67”, enseñando a millones de niños que la perseverancia vale más que el oro.

Trágicamente, Karunananda falleció ahogado diez años después, a los 38 años, sin saber que se había convertido en un héroe en tierras lejanas.

El legado que cruzó generaciones

Cincuenta y dos años después, en 2016, su nieta Oshadi llegó a Japón para estudiar. La barrera del idioma y la soledad fueron demasiado difíciles, y estuvo a punto de rendirse y regresar a casa.

Entonces, un amigo le mostró el video de su abuelo luchando por terminar aquella carrera.

Al verlo, recordó las palabras de su madre: “Debes terminar lo que empezaste.”

Oshadi decidió quedarse.

Hoy trabaja como cuidadora de ancianos en la prefectura de Gunma, devolviendo con su esfuerzo y dignidad el honor a la nación que una vez aplaudió a su abuelo.

Fuente: The Mainichi Shimbun, Archivos Olímpicos (COI) y Ministerio de Educación de Japón.
Crónica histórica verificada.

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