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Zelenski: no preguntes por quién doblan las campana

Zelenski: no preguntes por quién doblan las campanasAtacar la residencia del presidente de Rusia, Vladímir Putin, equivale al error fatal del ratón que descansaba sobre la vía del tren: para no perder el rabo, lo movió… y terminó poniendo la cabeza. Y la perdió.

Putin no ha dicho una sola palabra. No le ha hecho falta. Hablaron otras voces del Kremlin, y el mensaje fue claro y frío como el acero: Dios podría perdonar a Zelenski; Rusia, no.

Ahora bien, más allá de la respuesta —inevitable— de la Federación Rusa, la administración de Volodímir Zelenski ha logrado algo aún más peligroso: dinamitar los planes de Donald Trump. Ucrania ha quedado atrapada entre la furia del presidente estadounidense y la respuesta implacable de Moscú. Dos fuerzas colosales, ninguna misericordiosa.

Tras esta decisión impensable, la pregunta no es si habrá consecuencias, sino quién será su peor pesadilla: Putin o Trump. Zelenski acaba de asestar un golpe mortal al autoproclamado “armador de paz” y ahora camina a ciegas, sin saber de qué lado llegará su final.

¿En cuáles generales ucranianos puede confiar? Esa es otra incógnita peligrosa. La silenciosa maquinaria de la CIA, sin duda, ya pasó lista, evaluó lealtades y midió riesgos. En estas guerras, no todos los enemigos llevan uniforme ruso.

Zelenski debe entenderlo: está atrapado entre el águila insaciable y el devorador de gigantes. No hay escapatoria cómoda, ni salida honorable garantizada.

Porque al final, da igual morir por la mordedura de una serpiente venenosa o ser aplastado por una patana al cruzar la vía: el resultado es el mismo.

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