INTERNACIONALES

Trump desata alarma global

 Habla de controlar Venezuela y amenaza con tomar Groenlandia “por las malas”

 ESTADOS UNIDOS

En un giro que ha sacudido el tablero geopolítico, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto sobre la mesa una agenda de expansión directa de intereses estadounidenses que va desde la toma del control de Venezuela hasta la pretensión de arrebatar Groenlandia a Dinamarca —“por las buenas o por las malas”— según sus propias palabras en la Casa Blanca.

Con estas decisiones, Washington vuelve a colocarse en el centro de la controversia internacional tras una serie de declaraciones del presidente Trump, que figura como el protagonista de este giro global, que han sido interpretadas por analistas y gobiernos extranjeros como una señal de imperialismo explícito y sin matices.

Durante encuentros recientes con ejecutivos de la industria energética, Trump afirmó que Estados Unidos trabaja en acuerdos con grandes corporaciones petroleras interesadas en invertir masivamente en Venezuela, planteando un esquema que, según críticos, podría traducirse en un control de facto sobre los recursos naturales del país sudamericano, bajo el argumento de “ayuda económica” y “estabilización”.

El mandatario calificó ese escenario como “excelente para Estados Unidos”, sin hacer referencia explícita a mecanismos de soberanía compartida ni al derecho del pueblo venezolano a decidir sobre su patrimonio energético. Las declaraciones han reavivado el debate sobre si Washington busca una relación de cooperación o una tutela económica y estratégica sobre Caracas.

Groenlandia: de la compra al ultimátum

La retórica fue aún más agresiva al referirse a Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa y pieza clave en el tablero geopolítico del Ártico. Trump reiteró que Estados Unidos considera imprescindible el control de la isla por razones de seguridad nacional y competencia estratégica.

“Preferiría un acuerdo simple”, afirmó, pero advirtió que Washington actuaría “les guste o no”, dejando abierta la posibilidad de medidas coercitivas si encuentra resistencia. Para la comunidad internacional, estas palabras suenan a chantaje político y a un desprecio abierto por el derecho internacional, especialmente en una región cada vez más disputada por el deshielo y las nuevas rutas comerciales.

Advertencias a Rusia y China

En ese mismo contexto, Trump fue explícito al señalar que Estados Unidos no tolerará la presencia de Rusia ni de China ni en Venezuela ni en Groenlandia.
“No queremos que Rusia esté allí. No queremos que China esté allí”, dijo al ser consultado sobre la relación con el nuevo gobierno venezolano, al que describió como “actualmente alineado” con Washington.

Sobre Groenlandia, fue aún más directo: “Si no tomamos Groenlandia, Rusia o China serán nuestros vecinos. Eso no va a suceder”.

Estas declaraciones refuerzan la percepción de que la Casa Blanca concibe ciertas regiones del mundo como zonas de influencia exclusiva, donde otras potencias no tienen cabida.

Reacciones y riesgos

Aunque Trump evitó confirmar escenarios militares directos contra otras potencias —incluida Rusia—, su discurso dejó claro que Estados Unidos busca mantener un amplio margen de maniobra, incluso mediante la presión extrema.

Desde Moscú y otros centros de poder global se ha advertido que esta “vía dura”, basada en la coerción y el desconocimiento de soberanías, podría erosionar gravemente la estabilidad internacional. Para muchos observadores, detrás del lenguaje de “protección” y “seguridad” se esconde un objetivo más crudo: controlar recursos estratégicos y redibujar áreas de influencia en beneficio propio.

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