¡Aramco en llamas! Represalia yemení golpea el corazón petrolero de Arabia Saudí

Un edificio administrativo de la gigante petrolera fue alcanzado en Dhahran, mientras misiles yemeníes también fueron interceptados sobre Riad; cuatro personas resultaron heridas y 15 viviendas sufrieron daños.
ORIENTE MEDIO
La guerra que vuelve a sacudir el corazón energético de Medio Oriente alcanzó directamente a Saudi Aramco, la gigantesca petrolera estatal saudí, después de que fuerzas yemeníes lanzaran una nueva oleada de misiles contra territorio de Arabia Saudí.
El Ministerio de Energía saudí confirmó que un edificio administrativo perteneciente a Aramco, ubicado en Dhahran, en la Provincia Oriental, fue alcanzado durante el ataque y que el impacto provocó un incendio limitado. No se reportaron muertos ni heridos dentro de la instalación.
Dhahran constituye uno de los principales centros de la industria petrolera saudí y alberga las instalaciones corporativas de Aramco. El ataque adquiere, por tanto, una importancia estratégica que trasciende los daños materiales registrados.
Misiles sobre Riad
La ofensiva yemení también alcanzó los alrededores de la capital saudí.
La Defensa Civil de Arabia Saudí informó que cuatro personas —dos mujeres, un hombre y un niño— resultaron heridas por fragmentos de dos misiles de crucero interceptados sobre Riad. Los restos provocaron además daños materiales en 15 viviendas.
Las fuerzas saudíes también informaron de la interceptación de otros proyectiles dirigidos contra diferentes zonas del reino, incluida la región de Dhahran.
La ofensiva se produce después de una escalada particularmente grave entre Arabia Saudí y el movimiento yemení Ansarolá, conocido internacionalmente como los hutíes. En días recientes, los ataques han alcanzado objetivos estratégicos saudíes, incluido el aeropuerto internacional Rey Jalid de Riad.
La represalia de Saná
El ataque contra Aramco se produjo después de que la coalición encabezada por Arabia Saudí bombardeara instalaciones controladas por Ansarolá en Yemen.
Entre los objetivos atacados se encontraba la estación central Al-Sabah, en Saná, además de depósitos y terminales vinculados al almacenamiento y distribución de combustible.
La coalición saudí justificó los ataques alegando que los hutíes utilizan instalaciones civiles y energéticas para sostener sus operaciones militares.
Después de esos bombardeos, las autoridades yemeníes habían advertido a trabajadores y civiles que se encontraran cerca de instalaciones petroleras saudíes que abandonaran esas zonas, al considerar dichos lugares objetivos militares legítimos.
La amenaza fue seguida por el ataque contra el complejo de Aramco en Dhahran.
El petróleo en el centro del conflicto
La nueva escalada ocurre en un momento especialmente delicado para el mercado mundial de hidrocarburos.
Dhahran se encuentra en el corazón de la industria petrolera de Arabia Saudí, cerca de importantes campos de producción y de instalaciones estratégicas de Aramco. Cualquier ampliación de los ataques contra la infraestructura energética saudí podría provocar una reacción inmediata de los mercados internacionales.
De hecho, las acciones saudíes retrocedieron este miércoles después de conocerse el ataque contra el edificio de Aramco, mientras los mercados comenzaron a valorar nuevamente el riesgo de interrupciones en el suministro energético regional.
El peligro es todavía mayor porque la escalada saudí-yemení se desarrolla simultáneamente con la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán y con las tensiones alrededor del estrecho de Ormuz, una de las principales arterias energéticas del planeta.
Mientras las llamas alcanzaban una instalación de Aramco, surgía otro elemento capaz de ampliar todavía más la crisis regional.
El portal estadounidense Axios reveló que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente estadounidense, Donald Trump, conversaron la semana pasada sobre la posibilidad de reanudar una operación militar de gran escala contra Irán antes de las elecciones israelíes y estadounidenses.
Según cuatro fuentes citadas por Axios —dos funcionarios estadounidenses, un funcionario israelí y otra persona conocedora del asunto—, ambos dirigentes analizaron una posible operación conjunta contra objetivos militares y nucleares iraníes.
La información adquiere particular relevancia porque Israel celebrará elecciones parlamentarias el 27 de octubre, mientras Estados Unidos celebrará sus elecciones de medio término el 3 de noviembre.
Trump niega un ataque antes de las elecciones
La situación, sin embargo, es mucho más compleja de lo que pudiera sugerir una lectura inicial del informe.
Axios señala que, aunque los ejércitos estadounidense e israelí permanecen en alerta y mantienen preparativos para una eventual reanudación de las operaciones, no existe una decisión definitiva de Washington para lanzar una nueva ofensiva antes de las elecciones estadounidenses.
De hecho, un funcionario de la Casa Blanca calificó de falsa la versión de que Trump y Netanyahu hubieran acordado reanudar la guerra y reiteró que Estados Unidos no atacaría Irán antes de las elecciones de medio término.
Trump, sin embargo, mantiene una retórica de presión máxima. Este martes afirmó que Washington tomaría “muy pronto” una decisión sobre Irán, mientras las negociaciones permanecen estancadas.
Presión por una nueva operación
De acuerdo con las fuentes de Axios, dentro de la administración Trump existen posiciones enfrentadas.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, y sectores de la estructura del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) serían los principales defensores de una reanudación de los ataques militares contra Irán.
En cambio, la mayoría de los asesores de Trump favorecerían mantener por ahora la presión económica, las sanciones y otras medidas contra Teherán, argumentando que esa estrategia está debilitando progresivamente a la República Islámica.
Israel, entretanto, mantiene una preocupación especial por lo que considera intentos iraníes de reconstruir componentes de su programa nuclear.
Amenazan con incendiar el mercado petrolero
La situación configura un escenario particularmente peligroso para el mercado energético mundial.
Por un lado, Yemen y Arabia Saudí intercambian ataques contra instalaciones estratégicas.
Por otro, Estados Unidos e Israel mantienen abierta la posibilidad de una nueva operación militar contra Irán.
Y, en medio de ambos conflictos, permanece la amenaza sobre las rutas marítimas y las instalaciones petroleras del Golfo.
El ataque contra Aramco demuestra que la guerra ya no se limita a los campos de batalla de Yemen o Irán: la infraestructura energética se ha convertido nuevamente en uno de los principales objetivos de la confrontación regional.
Si la escalada alcanza directamente instalaciones de producción, refinación o exportación de petróleo, el impacto podría extenderse rápidamente desde Medio Oriente hasta los mercados de energía de Europa, Asia, Estados Unidos y el Caribe.
Y en un mundo que ya enfrenta fuertes tensiones sobre el suministro de crudo, Aramco ardiendo es mucho más que una imagen de guerra: es una advertencia para el mercado petrolero mundial.



