¡Cógelo, Picante! Escuelas sin seguridad, Policía enredada y una reforma estancada y enlodada

Mientras los padres temen por sus hijos dentro de las escuelas, la Policía, a pesar de multiplicar direcciones, generales y oficiales superiores, no logra frenar el avance de la delincuencia, que sigue haciendo de las suyas; mientras tanto, la cacareada reforma policial continúa buscando dónde poner el primer ladrillo.
Buenos días…
Es preocupante, y mucho, el deterioro de la seguridad en las escuelas dominicanas.
Después del incidente ocurrido en Barahona, muchos padres y tutores están reclamando al presidente Luis Abinader algo que debería ser elemental, garantizar la seguridad de los niños y adolescentes dentro de los centros educativos y sus alrededores.
El pánico comienza a apoderarse de las familias. Y conviene recordar que a las escuelas no van delincuentes armados a buscar pleito… allí van niños y adolescentes a estudiar.![]()
Todo después del incidente ocurrido en la Escuela Primaria Mencía, del municipio de Paraíso, provincia Barahona, donde un hombre armado con un machete y, según se denunció, con una pistola, penetró al recinto educativo y amenazó con matar a tiros al director de ese centro educativo.
Eso es sencillamente vergonzoso. Y más vergonzoso todavía resulta que semejante cosa ocurra en un centro educativo cuando se supone que existe una Policía Escolar encargada de garantizar la seguridad de estudiantes y profesores.
Entonces, la pregunta es sencilla: ¿dónde estaba la Policía Escolar?
Si existe y falló, que expliquen el fallo. Y si no existe en la práctica, entonces estamos frente a otro de esos cuentos bonitos que funcionan muy bien en los papeles, pero bastante mal cuando llega el momento de proteger a los ciudadanos.
Y si la Policía Escolar existe, pero no pudo impedir que un hombre armado penetrara a una escuela y amenazara de muerte a su director, entonces el presidente Abinader debería preguntarse seriamente para qué sirve el comandante de ese organismo.
Y como si faltara algo, la Policía Nacional volvió a colocarse en el centro del escándalo.
La diputada oficialista, del PRM, Millys Martínez, lanzó dinamita desde su curul en la Cámara Baja al denunciar una supuesta agresión y abuso de autoridad por parte de agentes policiales que actuaron en su caso. Y mencionó hasta a un coronel.
Sus colegas reaccionaron en solidaridad con ella y, en protesta por su detención y esposamiento, abandonaron el hemiciclo, provocando la suspensión de la sesión por falta de quorum. ¡Vaya espectáculo!
Este es otro escándalo que vuelve a colocar a la Policía Nacional bajo el reflector, mientras la ciudadanía espera una explicación clara de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful.
Pero la diputada Millys Martínez no se quedó esperando. Le lanzó un mensaje directo, contundente y cargado de reproche a la exsenadora: “Ministra Faride Raful, su silencio duele. Usted es mujer, fue legisladora y hablaba mucho de derechos. Hoy calla, y su silencio lastima a quienes esperamos de usted una respuesta.”
Un mensaje que deja una pregunta flotando en el aire: ¿por qué la ministra que ayer hablaba de derechos hoy guarda silencio cuando una legisladora denuncia un abuso policial?
Y seguimos en el Centro de los Héroes. Ahora el Congreso se dispone a discutir la creación de nuevas provincias y más municipios. ¿Y qué significa eso?
Muy sencillo: más presupuestos, más estructuras burocráticas, más cargos, más botellas y, naturalmente, nuevos senadores y más diputados.
República Dominicana continúa ampliando su mapa político-administrativo como si estuviera repartiendo solares.Tenemos provincias, municipios, distritos municipales y una cantidad de funcionarios que parece no tener techo.
Y entonces viene la pregunta de rigor: ¿Hasta dónde vamos a llegar?
No se sorprendan si mañana Santo Domingo Norte, Santo Domingo Este y Santo Domingo Oeste amanecen convertidos en provincias. Aquí todo es posible.
En la Policía Nacional existen alrededor de 19 direcciones regionales, pero la delincuencia continúa haciendo de las suyas.![]()
Hace 20 años, en determinados lugares podía comandar un primer teniente. Ahora, en algunos de esos territorios, la estructura está cargada de oficiales superiores, y hasta de generales.
En la región Este, por ejemplo, hay tres oficiales generales. ¿Y qué tenemos como resultado? Más estrellas en los hombros y más delincuencia en las calles. ¡Qué maravilla!
La pregunta no es cuántos generales tenemos. La pregunta es qué resultados están produciendo tantos generales, tantas direcciones y tantos oficiales superiores.
Y hay otra situación que merece atención. Se nos informa que en algunos destacamentos policiales se está exigiendo que las órdenes de arresto emitidas por un juez sean depositadas directamente por el afectado o por un abogado apoderado. Y que el abogado muestre su poder.
Sí, esto está ocurriendo, y habría que preguntar quién inventó semejante procedimiento y con qué propósito.
Porque anteriormente cualquier ciudadano podía llevar una orden de arresto a un destacamento y esta era recibida para su ejecución.
Ahora parece que a los afectados les están poniendo otra carrera de obstáculos. ¡Qué difícil se la están poniendo a quienes buscan justicia!
Entonces, según las cifras que manejamos, ya van 18 personas muertas en intervenciones policiales en lo que va de octubre. ¡Uuuuuuy!
Y mientras tanto, seguimos hablando de reforma policial.
Ahora hay algo que llama poderosamente la atención. En Santiago apareció el primer agente policial reportado como herido durante una intervención policial, tras recibir un disparo en una mano.
Un caso poco común, ciertamente. Habrá que esperar, si las hacen, las investigaciones y las explicaciones correspondientes, porque aquí también hay que tragarse la historieta completa, no solamente el capítulo que convenga.
Y llegamos al punto que ya parece un disco rayado: La reforma policial. Hasta ahora, no vemos que haya traído absolutamente nada positivo. ¡Nada!
Y si estamos equivocados, que nos lo demuestren. Que señalen cuáles han sido los grandes logros de esa cacareada reforma policial.
- ¿Cuántos policías están mejor preparados?
- ¿Cuántas investigaciones internas han producido resultados?
- ¿Cuánto ha disminuido la criminalidad?
- ¿Cuántas estructuras burocráticas fueron eliminadas?
- ¿Cuántos ciudadanos sienten realmente mayor seguridad?
- ¿Cuántos policías están trabajando mejor y con mejores condiciones?
Que hablen los números, no los discursos. Porque una reforma no se mide por la cantidad de reuniones, fotografías, uniformes nuevos, discursos ni anuncios. Una reforma se mide por resultados.
Y hasta ahora, en materia policial, da la impresión de que el presidente Luis Abinader ni ve, ni oye, ni entiende lo que está ocurriendo.
Y eso resulta todavía más extraño porque, según se observa, casi todos los lunes está dentro de la Policía.
Entonces, presidente: ¿Qué es lo que está viendo?
Porque desde afuera lo que vemos nosotros es otra cosa: Escuelas que necesitan seguridad, policías envueltos en escándalos, delincuencia que no da tregua, ciudadanos buscando justicia a trompicones y una reforma policial que, hasta ahora, parece caminar con muletas.
Al que le pique, que se rasque.



