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¡Brasil desafía a las encuestas! Bolsonaro golpea primero y Lula queda obligado a remontar

 

  ANÁLISIS   

 

El hijo de Jair Bolsonaro supera al presidente por 1,87 puntos, en una primera vuelta marcada por la polarización, el avance del PL y una abstención récord de 33,4 millones de electores.

 

Las urnas voltearon el pronóstico

 

Por la Dirección

Las elecciones presidenciales de Brasil dejaron una primera gran conclusión, que las urnas volvieron a desafiar a las encuestas.

Durante buena parte de la campaña, los principales sondeos colocaron a Luiz Inácio Lula da Silva por delante de Flávio Bolsonaro y, en determinados momentos, llegaron a proyectar ventajas que alimentaron la percepción de que el presidente llegaría primero a la segunda vuelta.

Ocurrió lo contrario

Con el 100 % de las secciones totalizadas, Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), obtuvo 56.104.503 votos, equivalentes al 47,03 % de los votos válidos, mientras Lula alcanzó 53.879.538 votos, el 45,16 %. La diferencia fue de 2.224.965 sufragios, equivalente a 1,87 puntos porcentuales.

Ambos disputarán el balotaje el próximo 25 de octubre.

Las encuestas fallaron

Aquí aparece el primer elemento que merece análisis.

La encuesta Datafolha publicada en la víspera de la elección otorgaba a Lula 45 % de los votos válidos, frente a 42 % para Flávio, aunque dentro de un margen de error de dos puntos porcentuales.

En votos totales, la diferencia era todavía menor,  47 % contra 46 %. Es decir, el sondeo advertía una contienda cerrada, pero seguía colocando al presidente en primer lugar.

La Quaest también mantenía a Lula ligeramente delante en su último levantamiento: 46 % contra 45 % de Flávio en votos válidos.

Otros estudios mostraban escenarios diferentes. El agregador de UOL calculaba 40,5 % para Lula y 37,2 % para Flávio, mientras que algunos sondeos individuales llegaron a mostrar ventaja del candidato del PL.

Por tanto, decir que todas las encuestas pronosticaban una victoria holgada de Lula sería incorrecto.

La fotografía final era más compleja, pues existía una carrera extremadamente cerrada, pero el promedio de los estudios seguía colocando al mandatario en primer lugar.

Lo que las urnas hicieron fue invertir ese orden y convertir una ventaja proyectada para Lula en una victoria de Flávio por casi dos puntos.

El tamaño del error

El problema más significativo no fue simplemente equivocarse por unos cuantos puntos, sino equivocarse en el orden de llegada.

Un análisis de las últimas encuestas disponibles antes de la votación situaba el promedio ponderado en aproximadamente 45,1 % para Lula y 43,8 % para Flávio.

El resultado definitivo terminó siendo 45,16 % para Lula y 47,03 % para Flávio.

Es decir, Lula terminó prácticamente donde lo colocaban las encuestas, apenas una décima por encima del promedio señalado en ese análisis.

El gran desplazamiento estuvo en Flávio, que obtuvo alrededor de 3,3 puntos más de lo que indicaba aquel promedio.

Al mismo tiempo, los candidatos menores recibieron menos votos de los que algunas mediciones habían proyectado.

Eso permite una conclusión más precisa. Las encuestas no estuvieron completamente fuera de la realidad, pero sí fallaron en detectar la magnitud de la transferencia de votos hacia Flávio y, sobre todo, en anticipar que esa transferencia sería suficiente para colocarlo en la primera posición.

El voto silencioso, de nuevo protagonista

Una explicación posible está en el llamado voto silencioso, es decir, electores que no expresan con claridad su intención o que cambian de decisión durante los últimos días de campaña.

También pesa el fenómeno del voto útil. La campaña terminó concentrándose cada vez más en Lula y Flávio, mientras candidatos como Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiado quedaron relegados a una posición secundaria.

Los votos de esos candidatos, sumados, terminaron representando un bloque de poco más de 9,3 millones de sufragios que ahora se convierten en el gran botín electoral de la segunda vuelta.

Augusto Cury queda tercero

El escritor Augusto Cury terminó en tercer lugar con 3.448.569 votos, equivalentes al 2,89 % de los votos válidos. Detrás quedaron Renan Santos, con 2,24 %, y Ronaldo Caiado, con 2,18 %.

En conjunto, los candidatos que no pasaron al balotaje obtuvieron 9.316.747 votos, el 7,81 % de los sufragios válidos.

Esa cifra adquiere ahora una enorme importancia porque Flávio y Lula deberán disputar prácticamente voto por voto ese electorado para intentar superar el 50 % en la segunda vuelta.

El PL sale fortalecido

La sorpresa presidencial vino acompañada de otro dato político de enorme importancia: el avance institucional del Partido Liberal y de las fuerzas de derecha aliadas.

El PL consiguió una representación muy fuerte en el Congreso y se convirtió en la mayor bancada del Senado, mientras el movimiento bolsonarista también consiguió importantes victorias en las elecciones estatales.

El resultado demuestra que el fenómeno político que rodea a la familia Bolsonaro no desapareció con la salida de Jair Bolsonaro del poder, sino que encontró en Flávio un nuevo vehículo electoral.

Esto significa que la segunda vuelta no será solamente una disputa entre dos candidatos. También será una confrontación sobre qué modelo político quiere Brasil y qué fuerza tendrá cada bloque para gobernar y negociar con un Congreso más favorable a la derecha.

Abstención récord en últimos 27 años

Otro dato que no puede pasar inadvertido es la abstención. 33.469.244 electores no acudieron a votar, equivalente al 21,08 % del padrón electoral, el nivel más alto desde 1998.

El fenómeno puede convertirse en uno de los factores decisivos del 25 de octubre. Con una diferencia de poco más de 2,2 millones de votos entre los dos primeros candidatos, la capacidad de cada campaña para movilizar a quienes se quedaron en casa puede ser tan importante como conquistar a los votantes que apoyaron a los candidatos eliminados.

Los votos nulos y blancos también hablan

El TSE contabilizó 2.300.798 votos blancos y 3.674.249 nulos.

Aunque estos sufragios no entran en el cálculo de los votos válidos, forman parte del retrato político de una elección en la que millones de ciudadanos decidieron no respaldar a ninguno de los candidatos presidenciales.

La combinación de abstención récord, votos nulos y blancos revela además un nivel considerable de desafección o distancia con respecto a la oferta política. En una elección tan polarizada, esa falta de participación puede terminar siendo determinante en el balotaje.

Una segunda vuelta completamente abierta

Flávio llega al segundo turno con una ventaja matemática y política considerable.

Fue el candidato más votado, obtuvo más de 56 millones de sufragios y consiguió superar a Lula en la primera vuelta. Además, la derecha llega fortalecida en el Congreso y en varias disputas estatales.

Pero sería prematuro declarar ganador al candidato del PL. Lula conserva más de 53,8 millones de votos, mantiene una base electoral histórica y ahora tiene la oportunidad de disputar directamente el voto de los candidatos eliminados.

El balotaje será, por definición, una elección distinta.

El verdadero desafío de las encuestas

La elección brasileña vuelve a plantear una pregunta incómoda para las empresas encuestadoras. ¿Están captando adecuadamente a los electores que no quieren revelar su voto, a los que deciden en los últimos días y a los que finalmente no acuden a las urnas?

Las encuestas son fotografías, no sentencias electorales. Su utilidad depende de la metodología, el momento en que se realiza el trabajo de campo, la muestra utilizada y la capacidad para detectar cambios de última hora.

En Brasil, la mayoría de los últimos sondeos acertó en algo fundamental, que la elección sería extremadamente cerrada y habría segunda vuelta.

Empero, falló en algo políticamente mucho más visible, de quién cruzaría primero la meta.

Ahora, la batalla final

El resultado de este 4 de octubre no solamente definió a los dos finalistas. También modificó el mapa político brasileño, pues Flávio Bolsonaro llega al 25 de octubre con la ventaja de haber ganado la primera vuelta, y Lula llega con el desafío de revertirla.

La diferencia de 1,87 puntos es suficientemente pequeña para mantener abierta la contienda. Los aproximadamente 9,3 millones de votos obtenidos por los candidatos eliminados, los 33,4 millones de abstencionistas y la capacidad de movilización de cada bloque serán determinantes.

Y en conclusión,  Flávio Bolsonaro golpeó primero, las encuestas no pudieron anticiparlo con precisión y Lula quedó obligado a remontar en una carrera, que promete ser todavía ser más polarizada.

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