INTERNACIONALES

Trump y Putin mueven el tablero: Europa y la OTAN se ponen nerviosas ante una posible salida a la guerra

El acuerdo para que Rusia vuelva a colocar diésel en los mercados estadounidenses rompe esquemas, sacude a Kiev y abre una vía de entendimiento que podría terminar empujando a Moscú y Washington hacia un acuerdo sobre Ucrania.

Kiev pega el grito

 

WASINGTON / MOSCU

La conversación telefónica entre los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin ha sacudido el tablero internacional y comienza a poner nerviosos a sectores de Europa y de la OTAN, no solamente por el acuerdo energético alcanzado entre Washington y Moscú, sino por lo que podría significar para el futuro de la guerra entre Rusia y Ucrania.

Trump anunció que, después de una conversación que calificó de «muy exitosa» con Putin, Rusia acordó suministrar inmediatamente más de 300,000 toneladas de diésel a Estados Unidos y a los mercados internacionales.

El acuerdo contempla otras 500,000 toneladas en noviembre y posteriormente un millón de toneladas adicionales, mientras que también se estudia una ampliación que podría llevar el volumen a varios millones de toneladas.

Putin confirmó que durante la conversación ambos mandatarios abordaron la situación del mercado energético mundial y que Moscú reiteró su disposición a suministrar petróleo y productos derivados a Estados Unidos y a los mercados internacionales.

El mandatario ruso sostuvo que ese intercambio puede contribuir a estabilizar el mercado energético mundial y beneficiar a la economía internacional.

Un giro que nadie esperaba

La decisión representa un cambio considerable respecto de la política estadounidense aplicada contra el petróleo y los productos energéticos rusos desde el comienzo de la invasión de Ucrania.

La administración Trump autorizó temporalmente las operaciones necesarias para facilitar las exportaciones rusas de diésel, en momentos en que los precios del combustible en Estados Unidos se encuentran bajo fuerte presión.

Trump ha explicado públicamente que necesita combustible y que el incremento de los suministros rusos puede ayudar a aliviar los precios.

«Necesitamos petróleo para el mundo, y esto es diésel, que es lo que necesitamos», declaró el presidente estadounidense al referirse al acuerdo.

Sin embargo, especialistas citados por medios estadounidenses advierten que el acuerdo podría tener un efecto limitado sobre los precios, debido a las actuales restricciones de capacidad de refinación y a la demanda mundial.

Se enciende el nerviosismo de Europa-OTAN

Lo verdaderamente importante no está solamente en los millones de toneladas de diésel.

Lo que comienza a inquietar a Europa y a la OTAN es que Washington y Moscú vuelvan a encontrar un lenguaje común.

El acuerdo energético llega precisamente cuando representantes estadounidenses, ucranianos y europeos mantienen conversaciones en Miami sobre propuestas destinadas a buscar una salida a la guerra.

En esas conversaciones se han abordado garantías de seguridad para Ucrania, reconstrucción, su eventual relación con la Unión Europea y la OTAN y hasta la posibilidad de establecer, después de la guerra, un nuevo marco de seguridad entre Europa y Rusia.

Es decir, mientras unos hablan de sanciones, armas y prolongar el conflicto, Washington y Moscú vuelven a sentarse a hablar de energía, economía y posibles mecanismos para terminar la guerra.

Y eso, naturalmente, pone a más de uno en Europa a mirar hacia Washington y Moscú con los ojos bien abiertos.

Kiev pega el grito

El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy reaccionó con dureza al acuerdo.

En declaraciones a Axios, calificó la decisión de Trump como «no justa y no honesta» y cuestionó que Estados Unidos facilite nuevamente las exportaciones energéticas rusas, mientras continúa la guerra.

Zelenskyy sostuvo que Ucrania podría aceptar una flexibilización de las restricciones energéticas si esta formara parte de un acuerdo más amplio para detener los ataques contra las infraestructuras energéticas de ambos países.

La reacción de Kiev refleja precisamente el temor de Ucrania: que una negociación directa entre Trump y Putin termine produciendo acuerdos sobre la guerra sin que Kiev tenga capacidad de veto sobre las decisiones fundamentales.

Trump aumenta la presión sobre Kiev

Según una fuente estadounidense citada por Axios, la decisión de Trump también estuvo relacionada con los ataques ucranianos contra refinerías rusas.

La administración estadounidense había pedido a Kiev que suspendiera esas operaciones porque estaban contribuyendo al encarecimiento de los combustibles y afectando directamente a los consumidores estadounidenses.

Washington considera ahora que un entendimiento energético con Moscú puede contribuir a reducir la presión sobre los mercados y, al mismo tiempo, convertirse en una herramienta para impulsar nuevas negociaciones de paz.

¿Un paso hacia el final de la guerra?

Aquí está la gran pregunta.

La conversación Trump-Putin todavía no significa el final de la guerra ni un acuerdo de paz. El asesor de política exterior del Kremlin, Yuri Ushakov, informó que Putin no se comprometió durante la llamada a reanudar inmediatamente las negociaciones con Ucrania y que Moscú estudiará cuándo puede retomarlas.

Pero el escenario ha cambiado.

Estados Unidos está hablando directamente con Rusia; los negociadores estadounidenses mantienen conversaciones con Ucrania y europeos; Washington está flexibilizando temporalmente las restricciones sobre determinados productos energéticos rusos; y Trump insiste en utilizar la relación con Putin como instrumento para buscar una salida al conflicto.

Si este acercamiento energético se transforma en un acuerdo más amplio sobre seguridad, ataques a infraestructuras, territorios y garantías para Ucrania, podría convertirse en uno de los pasos más contundentes hacia el fin de la guerra ruso-ucraniana desde que comenzó el conflicto.

Y esa posibilidad es precisamente la que comienza a poner nerviosos a algunos sectores de Europa y de la OTAN.

Porque si Trump y Putin consiguen entenderse directamente, el tablero geopolítico europeo puede cambiar de manera radical.

La pelota vuelve a estar en Washington y Moscú. Y Kiev, Bruselas y la OTAN tendrán que mirar muy de cerca qué están cocinando Trump y Putin.

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