Trump: cerco de las amistades

Nos proponemos, en este día, al terminar el año 2025, reflexionar sobre lo que ocurre geopolíticamente en nuestro territorio marítimo y terrestre.
Hace mucho tiempo, de acuerdo al bosquejo histórico del ministro, tres veces de nuestras Fuerzas Armadas y, en aquel entonces, coronel Teódulo Pina Chevalier, en el bosquejo histórico del problema fronterizo domínico-haitiano (que pervive hasta el presente), nos dice que, con los intrusos, filibusteros y bucaneros; piratas y corsarios, que desde la isla de San Cristóbal, con sus incursiones vandálicas, surcaron los mares en la búsqueda del preciado botín de oro, descubierto por el nauta genovés Cristóbal Colón, en el año de 1492, nació el territorio francés, impuesto por el contrabando y el bandolerismo de las apetencias de los reinados de Felipe II en España y de Enrique IV en Francia.
Y me remonto a tales tiempos para destruir la tesis maligna y malvada de quienes han pretendido decir y afirmar, en algunos círculos intelectuales, que Haití fue primero que Santo Domingo de Guzmán, evangelizada por los padres dominicos.
Estableciendo esa premisa fundamental, debemos recordar también que la isla Española, denominada así el 12 de diciembre de 1492, posteriormente los mismos españoles, desde 1508, comenzaron a darle el nombre de Santo Domingo, como lo es en la actualidad.
Sucedió en el año de 1598, siguiendo el relato del coronel Pina Chevalier en su informe, junto al coronel James J. McLean, escrito en el año de 1921 (en medio de la intervención norteamericana).
Nuestra isla fue objeto de múltiples ataques por la hegemonía de los reinados de la época, lo cual obligó a firmarse, en 1598, el célebre Tratado de Vernis entre los mencionados reyes de España y Francia, donde se marcaron líneas divisorias convencionales, a las cuales se les llamó el “Cerco de las Amistades”.
Indudablemente, los aventureros en las Antillas, malhechores del mar, tuvieron que refugiarse en la isla Tortuga, es decir, en la costa norte de la isla de Santo Domingo, para desde ahí seguir en sus medios ilícitos y sus depredaciones.

Y traigo esto a colación en este momento histórico para parangonarlo con la crisis de seguridad en el Caribe, producto del crimen organizado, y que el presidente Donald Trump y el establishment norteamericano han decidido ponerle un detente a las incursiones de los filibusteros y bucaneros de nuevo cuño, que, en base al tráfico de armas, drogas, petróleo, minerales de oro, plata y otras tierras raras, tráfico de personas para la mano de obra barata ilegal, vitales para el comercio del siglo XXI, se comercializan e inundan los mercados en todo el Caribe, y cuyo objetivo fundamental son las fronteras norteamericanas y la economía norteamericana, que, significativamente, en su producto bruto interno, el crimen organizado ocupa un lugar significativo en su economía, y en la delincuencia pierde más de 100 mil enfermos por droga al año.
¡Lamentablemente!
La presencia militar de unidades marítimas y de las tropas aéreo-transportadas que hoy están en el Aeropuerto Las Américas y en la Base Militar Dominicana de San Isidro constituye un claro ejemplo, junto a otros puntos geográficos, ya sea en las islas de las Antillas Mayores: Cuba (Guantánamo), Puerto Príncipe, Jamaica, Puerto Rico; y en las Antillas Menores: Dominica, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Granada, Barbados (islas de Barlovento); así como en las islas de Sotavento: Antigua y Barbuda, San Cristóbal y Nieves, Monserrat, Guadalupe, Montecristo.
Así como cercanas a Venezuela (objetivo): Aruba, Curazao, Bonaire, San Martín, San Eustaquio, Saba. Junto a las islas que geográficamente están en el océano Atlántico: Bahamas (islitas y cayos), islas Turcas y Caicos, frente a Puerto Plata de la Rep. Dominicana, a sabiendas de que otras islas y territorios se comparten con Inglaterra, Francia y EE. UU., es decir, Islas Vírgenes británicas y estadounidenses, San Bartolomé (Francia), con una población de 46 a 50 millones entre todas estas islas del mar Caribe que hemos descrito.
El presidente Donald Trump “ha tomado el toro por los cuernos” en forma decidida y enfrenta el crimen organizado y los gobiernos que lo patrocinan, como es el caso de Venezuela, cuya incursión en tierra ha sido desvelada por el influyente periódico The New York Times el pasado 26 de diciembre, y cuyo objetivo fue neutralizar un centro logístico del despacho de tráfico de droga en territorio venezolano, y parece que con la anuencia de los mismos venezolanos usurpadores del poder y dirigido por el dictador antidominicano y prohaitiano Nicolás Maduro Moro.
La arenga del imperialismo yanqui y el neocolonialismo imperial de los tiempos del dictador Fidel Castro no tiene espacio frente al crimen organizado y los nuevos filibusteros y bucaneros que han hecho del mar Caribe sus nuevas tropelías y hoy se encuentran con un “nuevo Cerco de las Amistades” militarizado.
En el pasado, la piratería era por el oro y las especies, y hoy el crimen organizado concreta su ambición y rivalidad con el tráfico de drogas, fundamentalmente, que aniquila el cerebro de la juventud y conspira contra las finanzas de todos los pueblos latinoamericanos y en el propio establishment de los Estados Unidos de Norteamérica.
Una conspiración que ha penetrado en la cimiente de la sociedad americana y se ha enraizado en las finanzas de la sociedad norteamericana, a tal punto que, por ser tan grande, hay quienes quieren declinar el enfrentamiento con el crimen organizado y pactar con los criminales, por encima de los principios éticos y los valores, postergando siempre las sanciones ejemplarizadoras frente a las empresas lavadoras de dinero, frente a los empresarios concupiscentes con el crimen, frente a los políticos usufructuarios del poder en base al crimen organizado y, sobre todo, frente a una sociedad en declive, permeada por lo más perverso y simulador de la sociedad en todo su contexto.
Y como colofón, deseo agregar epistemológicamente que, si los Estados Unidos de América pierde esta guerra contra el crimen organizado, está expuesto a perder su nación y los fundamentos que le dieron origen a través de sus Padres Fundadores.
Por tanto, queda en manos del Partido Republicano de Abraham Lincoln y hoy en manos del presidente Donald Trump resolver un problema crucial y ético que enfrenta no solo la sociedad norteamericana, sino la región del Caribe y Latinoamérica con el tráfico de drogas.
La facultad de penar es un atributo de soberanía, nos enseñó el maestro Luis Jiménez de Asúa.
El bien jurídico ha de ser preservado, tomando en consideración la interpretación teológica que hoy plantea la lucha contra las drogas y, por el contrario, su legalización como fórmula finalista derrotista, determinada por la sociología y los intereses creados alrededor del negocio y sus cómplices, cambiará en lo absoluto el panorama en el Caribe, en América Latina y dentro de los mismos territorios norteamericanos.



