En Villa Isabela, río saqueado y Estado mudo
El Gualetico desangrado, mientras las autoridades miran para otro lado
VILLA ISABELA, Puerto Plata, R.D.
Miembros de distintas juntas de vecinos del municipio de Villa Isabela denuncian la extracción indiscriminada de materiales del lecho del río Gualetico, una práctica que —según afirman— se ha convertido en un negocio nocturno que devora el ecosistema y enriquece a unos pocos.
De acuerdo con los denunciantes, detrás de la depredación operaría una red vinculada a ferreterías de la zona, que se ampara en un supuesto permiso del INDRHI, cuya autenticidad dicen desconocer.
Aun si existiera, advierten, ninguna autorización justificaría el nivel de destrucción que hoy exhibe el río. Arena y cascajo serían extraídos de noche, trasladados a depósitos clandestinos y luego vendidos para la construcción, como si el río fuera una mina privada.
Los comunitarios sostienen que en Villa Isabela las autoridades “se han hecho las locas”, porque —según denuncian— todo el que interviene “saca lo suyo”. Incluso aseguran que a un fiscalizador le habrían enviado varios camiones de material para arreglarle una entrada, sin importar el saqueo ni el daño ambiental.
Aseguran además que las autoridades provinciales están al tanto, incluyendo al ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, la gobernadora y la senadora de Puerto Plata. Sin embargo, según los denunciantes, nadie actúa, porque se trataría de una depredación “entre compañeros”. Un silencio que, dicen, ya es insostenible.
Ante esta situación, hicieron un llamado urgente al ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales y al director del INDRHI para que se trasladen a la zona y verifiquen con sus propios ojos el desastre ecológico que —según afirman— se está cometiendo a plena luz… y también en la oscuridad.

Ríos convertidos en botín
Los ríos no son arena, no son cascajo, no son botín. Son fuente de vida, reguladores del clima, sostén de comunidades y garantía de agua para las generaciones futuras.
Asesinar un río es un crimen ambiental, aunque se haga con papeles, sellos o silencios cómplices.
El presidente Luis Abinader tiene la obligación constitucional y moral de detener el asesinato de los ríos dominicanos, empezando por el Gualetico.
No basta con discursos verdes ni fotos sembrando arbolitos, hay que frenar la depredación, caiga quien caiga, porque cuando un río muere, el Estado también falla.



