
Mensaje 4675
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?
En la vida recibimos innumerables regalos de personas que nos aprecian o nos agradecen, con el tiempo los olvidamos, salvo que haya sido un regalo tan extraordinario y grandioso que haya marcado nuestra vida o haya contribuido con nuestra riqueza material, por ejemplo, un vehículo, una casa…
Flérida Nadal una gran hermana de mi Parroquia El Buen Pastor, de las que me apoyó de manera incondicional en la formación y fundación de la misma, me hizo uno de estos grandes regalos, un libro titulado: “El regreso del Hijo Pródigo”.
En el momento no le di la importancia debida, hasta un día en el que me tocó apreciar no solo esa gran obra, sino ese gran gesto de alguien que siempre me trató con tanta deferencia y cariño, que un día sembró una semilla en mi corazón que, años más tarde germinó dando grandes frutos, desde entonces nunca he dejado de orar por ella y su familia.
Me sirvió de apoyo una reflexión encontrada en GostQuestions.org acerca de esta parábola.
“La parábola del hijo pródigo en Lucas 15 nos revela el amor infinito y la misericordia de Dios hacia los pecadores que se arrepienten. El padre representa a Dios, cuyo corazón está siempre abierto al regreso del hijo perdido, sin importar sus errores. El hijo menor simboliza al ser humano que se aparta, pero puede volver gracias a la gracia divina. El hermano mayor, furioso por la compasión del padre, nos invita a reflexionar sobre el peligro del resentimiento y la falta de comprensión. Aprender a ser como el hijo prodigo —humilde, arrepentido y dispuesto al retorno— nos permite experimentar y compartir la misericordia que Dios ofrece generosamente.
La parábola del hijo pródigo se encuentra en Lucas 15:11-32. El personaje del padre perdonador, que permanece constante a lo largo de la historia, es una representación de Dios. Al contar la historia, Jesús se identifica con Dios en Su actitud amorosa hacia los perdidos, simbolizados por el hijo menor (los publicanos y pecadores de Lucas 15:1). El hermano mayor representa a los que se creen justos (los fariseos y maestros de la ley de Lucas 15:2).
El tema principal de esta parábola no es tanto la conversión del pecador, sino más bien la restauración de un creyente en comunión con el Padre. En esta historia el padre espera y observa con ansias el regreso de su hijo, demostrando el amor de Dios por cada individuo y Su atención personal hacia toda la humanidad. Vemos en esta historia que la misericordia del padre ensombrece la pecaminosidad del hijo, ya que es el recuerdo de la bondad del padre lo que lleva al hijo pródigo al arrepentimiento.
El hijo menor le pide a su padre su parte de la herencia, que debía ser la mitad de lo que recibiría su hermano mayor (ver Deuteronomio 21:17). En otras palabras, el hijo menor pide un tercio de la herencia. Aunque estaba perfectamente dentro de sus derechos para pedir, no fue un acto de amor, ya que implicaba que deseaba la muerte de su padre. En lugar de reprender a su hijo, el padre concede pacientemente su petición. Esta es una representación de Dios que permite que el pecador vaya por su propio camino (Deuteronomio 30:19).
Como el hijo pródigo, todos poseemos una tonta ambición de ser independientes, que es la raíz del pecador que persiste en su pecado. Un estado pecaminoso es una partida y distancia de Dios (Romanos 1:21). Un estado pecaminoso también es un lugar de constante descontento. El hijo menor en la parábola aprendió de la manera más dura que la codicia lleva a una vida de insatisfacción y decepción. También aprendió que las cosas más valiosas en la vida son las cosas que no podemos comprar o reemplazar.
En Lucas 15:13 el hijo menor viaja a un país lejano. Es evidente por sus acciones previas que ya había hecho ese viaje en su corazón, y la partida física fue una muestra de su desobediencia voluntaria a toda la bondad que su padre le había ofrecido. En la tierra extranjera, el pródigo despilfarra toda su herencia en la satisfacción egoísta y superficial, perdiendo todo. Su desastre financiero es seguido por un desastre natural en forma de hambruna, para la cual no había planificado. En ese momento, se ofrece a trabajar para un gentil y termina alimentando cerdos, un trabajo detestable para el pueblo judío (Levítico 11:7).
El hijo pródigo trabajando en la pocilga es una representación del pecador perdido o del cristiano rebelde que ha vuelto a una vida de pecado (2 Pedro 2:19-21). Los resultados del pecado nunca son agradables (Santiago 1:14-15).
El hijo pródigo comienza a reflexionar sobre su miserable condición, y «volviendo en sí» (Lucas 15:17). Se da cuenta de que incluso los siervos de su padre la están pasando mejor. Sus dolorosas circunstancias le hacen ver a su padre bajo una nueva luz. La esperanza comienza a amanecer en su corazón (Salmo 147:11; Isaías 40:30-31; 1 Timoteo 4:10).
La realización del pródigo es reflejo del descubrimiento del pecador de que, aparte de Dios, no hay esperanza. Cuando un pecador «vuelve en sí», le sigue el arrepentimiento, junto con el anhelo de regresar a la comunión con Dios.
El hijo idea un plan de acción, y demuestra que su arrepentimiento era genuino. Admitirá su pecado (Lucas 15:18), renunciará a sus derechos como hijo y asumirá la posición de un siervo (versículo 19). Se da cuenta de que no tiene derecho a una bendición de su padre, y no tiene nada que ofrecer a su padre, excepto una vida de servicio. Al regresar a casa, el hijo pródigo está preparado para caer a los pies de su padre y suplicar por misericordia.
Del mismo modo, un pecador arrepentido que acude a Dios es muy consciente de su propia pobreza espiritual. Dejando a un lado todo orgullo y sentimientos de derecho, no trae nada de valor consigo. El único pensamiento del pecador es arrojarse a la misericordia de Dios y suplicar por una posición de servidumbre (1 Juan 1:9; Romanos 6:6-18; 12:1).”
Víctor Martinez se identifica con esta parábola por reconocer que, en algún momento de su vida se ha comportado como un hijo pródigo, pienso que la parábola del hijo pródigo es una de las imágenes más hermosas de la gracia de Dios en las Escrituras. Todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Todos somos pródigos en el sentido de que hemos huido de Dios, hemos derrochado egoístamente nuestros recursos y, en cierto grado, nos hemos revolcado en el pecado. Sin embargo, a muchos les falta humildad para reconocerlo, pero Dios está listo para perdonar. Él salvará al contrito, no por obras, sino por Su gracia, mediante la fe. Ese es el mensaje central de la parábola del hijo pródigo.
Como ejercicio de nuestro retiro busca hoy en tu Biblia la Parábola del Hijo Pródigo, léela y medítala en tu corazón, además del capítulo 9 del libro de la Virgen María.
Es Felipe Gómez un humilde servidor del Padre, quien siempre nos ha respaldado para hacer posible que la Palabra de Dios llegue a nuestros corazones, bendícelo, Señor.
Hasta la próxima.



