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Cuando el motorista hace lo que le da la gana, el culpable siempre es el conductor

La agresión contra Miriam Cruz reabre el debate sobre el desorden de las motocicletas. Rebasan por la derecha, desafían semáforos, invaden aceras, túneles y elevados, y algunos terminan culpando a otros por accidentes que pudieron evitarse.

 

 

SANTO DOMINGO, RD.

El incidente denunciado por la merenguera Miriam Cruz, quien relató que un motorista lanzó una piedra contra el cristal trasero de su vehículo, la tarde del jueves, luego de sufrir una caída en plena vía pública, vuelve a poner sobre el tapete una pregunta que muchos conductores se hacen a diario: ¿hasta cuándo habrá que soportar el desorden de algunos motociclistas en las calles dominicanas?

La artista explicó que transitaba junto a su esposo por las avenidas John F. Kennedy y Abraham Lincoln cuando el motorista, que circulaba por el lateral derecho, sufrió una caída cerca del contén.

Según su relato, después de levantarse, el hombre tomó una piedra y la lanzó contra el vehículo, rompiendo el cristal trasero.

«Gracias a Dios estamos bien», expresó Miriam Cruz al compartir lo sucedido.

El episodio no es nuevo, pero merece una segunda mirada. No para convertir a todos los motoristas en culpables, sino para poner el dedo sobre una conducta peligrosa que se repite en las calles, donde algunos motociclistas conducen como si las leyes de tránsito fueran para los demás y no para ellos.

¡Rebasar por la derecha no es una gracia!

Uno de los riesgos más frecuentes es el rebase por la derecha, cuando una motocicleta se mete por un espacio que el conductor de un automóvil puede no tener a la vista o no esperar que esté ocupado.

El motorista aparece por el costado, se cuela entre vehículos, avanza pegado al contén y pretende ganar unos segundos, sin medir que cualquier movimiento del automóvil puede terminar en una colisión.

Y cuando ocurre el accidente, comienza el espectáculo: el conductor del vehículo queda señalado como culpable, incluso antes de que se investigue cómo sucedieron los hechos.

¿Por qué se condena de inmediato al conductor de cuatro ruedas y no se examina también la maniobra del motorista?

La responsabilidad no se determina por el tamaño del vehículo, sino por las circunstancias del accidente, las normas aplicables y las pruebas. Si el motorista hizo un rebase indebido, esa conducta también debe investigarse.

«Abra el ojo y doble en rojo»… ¡pero con precaución!

En República Dominicana se ha popularizado la frase «abra el ojo y doble en rojo» para advertir a los conductores que, cuando la normativa lo permite, pueden girar a la derecha con el semáforo en rojo, después de detenerse y comprobar que la maniobra es segura.

Pero aquí está el detalle: que se permita doblar no significa que se pueda hacerlo a lo loco, ni que los demás tengan derecho a cruzarse sin mirar.

El conductor debe detenerse, observar a los peatones y al tránsito que tiene preferencia, y realizar el giro únicamente cuando sea legal y seguro. Del mismo modo, los motociclistas tienen que respetar las señales, las prioridades de paso y las maniobras de los demás vehículos.

El problema surge cuando alguien se lanza sin precaución, aparece por un ángulo muerto o pretende pasar primero porque considera que la vía le pertenece.

¡Así no se conduce! La calle no es una pista de competencia ni el semáforo una sugerencia decorativa.

¿Y las aceras, los túneles y los elevados?

Hay otra práctica que indigna a los ciudadanos: motocicletas que se suben a las aceras, circulan por espacios reservados a los peatones o se desplazan de manera temeraria por túneles y elevados.

Las aceras son para caminar, no para convertirlas en carriles improvisados. Los túneles y elevados tampoco son territorios sin reglas: los motociclistas deben respetar las restricciones de circulación que correspondan a cada vía y conducir con prudencia.

A eso se suman quienes se desplazan entre automóviles sin guardar distancia, cruzan con el semáforo en rojo, transportan pasajeros sin las debidas precauciones o realizan maniobras arriesgadas para adelantarse a una fila de vehículos.

Y cuando se produce una caída, una colisión o un cristal roto, no puede sustituirse la investigación por una condena automática contra el conductor del automóvil.

El desorden tiene que acabar

Es justo reconocer que miles de motociclistas trabajan honradamente, cumplen las normas y utilizan sus motores para ganarse la vida. Muchos también son víctimas de accidentes provocados por conductores imprudentes.

Pero esa realidad no puede servir de excusa para ignorar el comportamiento de quienes conducen de manera temeraria, ponen en peligro a los peatones y obligan a los demás vehículos a realizar maniobras bruscas para evitar una tragedia.

Tampoco se puede ignorar el elevado peso de las motocicletas en la siniestralidad vial dominicana. Los accidentes que involucran estos vehículos dejan consecuencias graves para sus conductores, pasajeros y terceros.

La respuesta no consiste en culpar a todos los motoristas, sino en aplicar las normas sin privilegios, investigar cada accidente y sancionar las infracciones que puedan demostrarse.

DIGESETT: ¡menos vista gorda y más autoridad!

La Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT) tiene que reforzar la fiscalización de los rebases indebidos, el irrespeto a los semáforos, la invasión de aceras y las maniobras peligrosas.

También hace falta que las investigaciones de accidentes consideren todas las versiones, los testimonios, las grabaciones disponibles y las evidencias físicas, sin dar por culpable a una persona simplemente porque conducía un automóvil.

El caso de Miriam Cruz sirve de recordatorio de que la violencia vial no se limita a los choques: lanzar una piedra contra un vehículo constituye un hecho grave que debe investigarse y cuyas responsabilidades deben establecerse conforme a la ley.

Las calles dominicanas necesitan orden, autoridad y respeto. Ni el motorista tiene derecho a hacer lo que le dé la gana ni el conductor de un automóvil puede quedar condenado de antemano.

Porque en el tránsito, como en la justicia, las reglas deben aplicarse a todos. ¡Y el que provoque un accidente, sea quien sea, debe responder por sus actos!

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