Al cura de El Seibo lo humillaron como si viviéramos en una dictadura
Ni siquiera en “aquellos 12 años” se vieron vagamunderías de esta calaña… ¿y los derechos humanos, dónde andan?

Buenos días…
Este país va cuesta abajo y sin frenos. Aquí ya no se respeta ni a los sacerdotes, lo que dice mucho —y muy mal— del momento que vivimos.
Tenemos autoridades que, empezando por el presidente Luis Abinader, viven en la contradicción permanente: a Dios rogando y con el mazo dando.
Lo ocurrido en El Seibo con el sacerdote Miguel Ángel Grullón es bochornoso, vergonzoso y propio de regímenes que se suponen superados. Ningún presidente de la República, en pleno siglo XXI, debería permitir algo así. Y si lo permite, aunque sea por omisión, termina siendo cómplice del abuso.
Por el simple “pecado” de acudir al llamado de auxilio de una familia con 35 años viviendo en una casa, amenazada de desalojo, y pedir un compás de espera para conversar con la empresa propietaria, el cura fue humillado, maltratado y esposado, como si fuera un delincuente común, con las manos a la espalda y sin contemplaciones. Todo, según dijeron los agentes, por orden de un fiscal llamado Raúl Cedano.
Y uno se pregunta —con toda la seriedad que el caso amerita—: ¿Desde cuándo pedir diálogo y humanidad se convirtió en delito penal? ¿Con qué base legal se manda a detener a un ciudadano que no ha violado ninguna ley?
Fiscal Cedano, si usted es realmente representante de la sociedad, debería explicar en qué parte del Código Penal se castiga pedir un compás de espera. Lo ocurrido huele a abuso de poder, y de los grandes.
La procuradora general Yeni Berenice Reynoso haría bien en investigar y fijar un precedente, porque funcionarios así no representan a la sociedad, representan intereses. Y en ese desalojo, seamos claros, hay gatos entre macutos. No somos ingenuos.
El coronel comandante en El Seibo tampoco queda bien parado. Permitió el abuso, igual que su jefe, el mayor general Ramón Antonio Guzmán Peralta, director de la Policía Nacional, nativo de El Seibo, para más señas.
Y sí, Guzmán Peralta permanece en el cargo porque el presidente Abinader está violentando la Ley 590-16, que limita su permanencia. De lo contrario, el general ya estaría en su casa, disfrutando de su retiro… y de una fortuna que muchos asocian —con legítimas suspicacias— al llamado gobierno del cambio, la transparencia y la lucha contra la impunidad. Un eslogan que ya ni ellos mismos se creen. El pueblo, en cambio, está despertando.
Y ojo con la historia: ni siquiera durante los 12 años de Balaguer (1966-1978), cuando sacerdotes marchaban y protestaban junto a campesinos contra terratenientes, se vio a un cura humillado de esta manera. Algo anda muy mal cuando el presente supera en abusos a lo que juramos no repetir.
Pareciera, incluso, que desde la jefatura policial se disfruta el ejercicio del abuso. Pero conviene recordar algo: la ley de Dios no prescribe, no se apela y no tiene trampa. Cobra con intereses. Siempre.
Sería interesante —y hasta irónico— que el presidente Donald Trump promoviera en Estados Unidos un Día Nacional sin Drogas. Tal vez así se desnuda la hipocresía de un país que regaña al mundo mientras consume, produce y protege uno de los mercados de drogas más grandes del planeta.
Desde que Estados Unidos se llevó preso a Nicolás Maduro rumbo a Nueva York, con derrocamiento incluido, según comentan algunos exagerados, al presidente Abinader parece habérsele borrado de la agenda el peligro real y creciente de las bandas criminales haitianas. Del tema Haití: silencio absoluto, como si el problema se hubiera evaporado por arte de magia.
Y lo repetimos sin cansancio: la frontera es una chercha, un mercado ilegal que ha hecho multimillonarios a traficantes de haitianos, con complicidades, miradas hacia otro lado y ausencia total de autoridad. Esto es un relajo institucional. La transparencia era verde… y un chivo se la comió.
En Invivienda, Santo Domingo Este, las calles están destruidas y los residentes denuncian que el alcalde Dío Astacio no aparece ni de visita médica. Salió ingrato con quienes lo eligieron.
En Santo Domingo Este hay sectores donde caminar por la acera es casi un acto ilegal, porque están secuestradas por vehículos. Las paradas del transporte urbano son un caos. Aquí se vive como chivo sin ley, por pura y simple falta de autoridad.
El Banco Agrícola, si quiere cortar rumores y sospechas, tiene una salida sencilla: publicar el listado completo de los beneficiarios de préstamos, en los últimos 5 años. Así se disipan dudas. Todo lo demás es cuento. Mientras no se haga, las preguntas seguirán vivas.
Mientras tanto, la libra de arroz coquetea con los 50 pesos, el plátano sigue por las nubes, y aun así nos venden a la República Dominicana como el país de las maravillas, mientras en el exterior muchos dominicanos son víctimas de campañas maquilladas que presentan una realidad que no viven.
Y por si acaso, una última pregunta: ¿La falsa publicidad no es un delito penalizado por la ley?
Dicen por ahí que a Nicolás Maduro le congelaron en Suiza unos 10 mil millones de dólares.
Y uno se pregunta, sin malicia: ¿De dónde diablos salió tanto dinero?
Aunque hay quienes aseguran que eso es pecata minuta. ¡Ave María…!

La gente se ha quedado esperando las extradiciones de narcotraficantes y narcopolíticos hacia Estados Unidos, pero todo indica que el gobierno “congeló” esos expedientes. ¿La razón? Nadie lo explica. Lo cierto es que ¡Cógelo, Picante! se enteró —o mejor dicho, lo enteraron— de que entre los agraciados con viaje gratis y sin visa hay legisladores.
Sí, legisladores. Entre ellos, un senador del que se comenta, en corrillos políticos, que tiene más chavos que cascajo en la playa, y otros a los que les atribuyen más bancas que escuelas. Nada probado, claro está, pero los rumores no nacen solos.
Lo más curioso es que no se trata de figuras marginales, sino de personas bien encumbradas, algunas incluso cómodamente sentadas en altares políticos y sociales, predicando moral mientras otros cargan la cruz.
Fuentes bien informadas aseguran que varios de estos personajes están bajo vigilancia, a la espera de que alguien decida descongelar el freezer político donde hoy reposan expedientes que, al parecer, queman más que el sol del mediodía.
Mientras tanto, el país mira, espera… y toma nota. Porque la justicia puede tardar, pero cuando llega, no pide permiso ni distingue rangos.

Y al cierre:
Ministra Faride Raful, ¿el abuso al padre Grullón es reforma policial? Diga algo… o quedará dicho todo.



