Cuando la corrupción obliga a volver a los técnicos
Por Margarita de la Rosa
La reciente designación del doctor Pedro Ramírez Slaibe como miembro de la Comisión de Expertos de la Seguridad Social, constituye mucho más que un nombramiento administrativo: es un reconocimiento tardío, pero necesario, al valor del conocimiento técnico, la integridad profesional y el compromiso auténtico con el interés público.
Pedro Ramírez Slaibe no es un improvisado ni un militante en busca de cuotas de poder. Es un profesional formado, serio, honesto, con una trayectoria conocida en el Sistema de la Seguridad Social dominicano.
Precisamente por esas credenciales por no ser político, por no responder a padrinazgos ni a apetencias partidarias fue apartado de una instancia importante del sistema cuando se produjo el cambio de gobierno, para abrir paso a una avalancha de figuras políticas que llegaron a la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales no con vocación de servicio, sino con un apetito voraz de poder y enriquecimiento.
Los hechos hoy hablan por sí solos. El entramado de corrupción en Senasa que ha salido a la luz no surgió de la nada. Fue incubado en ese reemplazo irresponsable de técnicos por operadores políticos, en esa cultura donde el mérito fue desplazado por la lealtad partidaria y la ética pública quedó subordinada al negocio.
Por eso resulta significativo que, en medio de esta crisis, el presidente haya tenido que volver la mirada hacia quienes nunca debieron salir. La Comisión de Expertos que ahora se conforma, encabezada por Arismendy Díaz Santana, creador del Sistema de Seguridad Social y figura de amplio respeto nacional, marca un giro que el país reclamaba desde hace tiempo: corregir los entuertos provocados por la politiquería con conocimiento, rigor técnico y probidad.
La presencia de Pedro Ramírez Slaibe en esa comisión no es casual ni ornamental. Es el reconocimiento de que, para reconstruir lo que fue deformado, no sirven los discursos ni las consignas, sino la experiencia, la honestidad y la independencia de criterio. Es también una lección dolorosa: se perdió tiempo valioso apartando a profesionales probados para satisfacer ambiciones personales y grupales.
Ojalá esta decisión no sea solo una respuesta coyuntural al escándalo, sino el inicio de un cambio de lógica en la gestión pública. El país no puede seguir pagando el precio de expulsar a los técnicos para premiar a los desvergonzados políticos.
La Seguridad Social que toca la vida, la salud y la dignidad de millones de dominicanos, exige respeto, competencia y ética.
Felicitar a Pedro Ramírez Slaibe es, en este contexto, felicitar la sensatez tardía. Y también recordar que el verdadero servicio público no se improvisa ni se compra: se construye con trayectoria, decencia y compromiso real con la sociedad.



