OPINION

¿Jaque mate al Partido Republicano en las elecciones de noviembre?

Por Augusto Álvarez

La decisión del presidente Donald Trump de recurrir al mecanismo de «comprar votos» pone en evidencia, según sus críticos, las dificultades que enfrenta el mandatario para mantener el control político y sostener el respaldo necesario dentro de su propio partido.

Otra pista de que las elecciones de medio término de noviembre podrían convertirse en un punto de inflexión para el futuro político de Trump es su insistencia en vincular la solución de la crisis con Irán al escenario electoral estadounidense.

Y precisamente ahora, una nueva encuesta coloca al presidente Trump en una situación delicada, al reflejar una disminución de su popularidad y un creciente malestar entre sectores de la población.

La pregunta es inevitable: ¿podría el gobernante precipitarse y buscar recuperar popularidad mediante un golpe contundente contra la República Islámica de Irán?

Del presidente norteamericano nada parece sorprender. Sin embargo, el conflicto alrededor del estrecho de Ormuz, sus consecuencias para Estados Unidos y el impacto que pueda tener sobre los precios de los combustibles podrían complicar todavía más el panorama electoral de Donald Trump y del Partido Republicano.

A esto se suma la percepción de que las decisiones relacionadas con Irán estarían provocando profundas divisiones dentro del Pentágono y entre sectores de la estructura militar y de seguridad estadounidense, situación que podría terminar agravando la impopularidad del mandatario.

Para una parte de la población norteamericana, la administración de Trump se ha dejado arrastrar demasiado por las posiciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, particularmente en lo relacionado con Irán y el conflicto en Medio Oriente.

De mantenerse esta tendencia, las elecciones de medio término podrían convertirse en mucho más que una simple renovación parcial del Congreso. Podrían transformarse en un verdadero plebiscito sobre la gestión de Trump, su política exterior y su capacidad para mantener unido al Partido Republicano.

Noviembre, por tanto, podría convertirse en la gran prueba de fuego para el presidente estadounidense: si el Partido Republicano pierde terreno de manera significativa, el resultado podría ser interpretado como un jaque político al propio Trump.

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