San Pedro de Macorís entre el fango y el desprecio
Cuando la venganza política se disfraza de gestión municipal

Por Augusto Álvarez
SAN PEDRO DE MACORÍS, R.D.
El barrio Pedro J. Carrión es hoy un símbolo del abandono oficial: sus calles se transforman en un pantano pestilente cuando llueve y en una nube de polvo insoportable cuando aprieta la sequía. No es un problema climático, es un desastre administrativo con nombre y apellido.
Todo indica que en el Ayuntamiento de San Pedro de Macorís se gobierna con rencores. Parecería que existen cuentas personales pendientes entre las autoridades municipales y aquellos sectores que no votaron por la actual gestión. En la práctica, el mensaje es claro y cínico: quien no apoyó al síndico Rafa Ortiz, no merece atención, ni dignidad, ni servicios.
Desde La Laguna de Mayén hasta el barrio Pedro Justo Carrión, la miseria camina de la mano con la suciedad, mientras la indiferencia oficial se convierte en política pública. Peor aún, la permisividad con las construcciones ilegales —aprobadas con guiños y silencios cómplices— deja al descubierto una realidad alarmante: ninguno de los residentes posee título de propiedad, pero sí padecen el abandono total del Estado municipal.

En los ayuntamientos, la corrupción suele iniciar con el llamado presupuesto participativo y termina cómodamente refugiada en las cuentas bancarias de los ejecutivos municipales. Esa es la razón por la cual la basura desborda las barriadas y la dignidad de los ciudadanos se acumula en vertederos improvisados.
Calles destruidas, montañas de desechos y comunidades olvidadas no son simples fallas de gestión: son una vergüenza pública para los munícipes de San Pedro de Macorís.
Y mientras tanto, la pregunta retumba entre el lodo y el polvo: ¿Y la Sindicatura… dónde está?



