¡Cristo viene!, dice el panfleto… pero teme a los atracos y a la delincuencia

Por Augusto Álvarez
Desde hace ya bastante tiempo se viene anunciando la llegada de Cristo.
Otros, en cambio, atribuyen el retraso de su venida al alto grado de corrupción y a la violencia desatada, tanto por agentes policiales como por delincuentes en los barrios.
“Él llegará”, me decía un pastor, y agregaba, a modo de pregunta: ¿Quién garantiza su seguridad en medio de apagones, blackouts y tantas hambrunas en los sectores más golpeados por la miseria?
Siempre, desde aquel anuncio que proclamó que el Dios de Moisés es el verdadero, hasta el Sermón de la Montaña, se ha esperado su llegada.
Sin embargo, al observar la corrupción dentro de la Iglesia, así como la implicación de religiosos en asqueantes actividades políticas, el Señor habría decidido confrontar la brújula antes de estar aquí entre nosotros.
Los feligreses se extrañaron de la “renuncia” del obispo Víctor Masalles, de Baní —querido y bien valorado—, así como de una pastora, Rosi Guzmán, y de otras figuras y figurines que gravitan en el ámbito religioso… y el anunciado viaje volvió a retrasarse.
Mi llegada —diría Él— sería por los sectores populares golpeados por la corrupción en SeNaSa. Pero descubrí que, desde las alturas del poder, se dio brillo a la escasez de medicamentos, se sembraron miles de víctimas en la pobreza y se multiplicaron millones en las cuentas de funcionarios.
Pensando en todos esos males, cabe la pregunta final: ¿puedes llegar, Cristo?



