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Aquí cualquiera quiere ser presidente y hasta se fabrica su propio partido

 

 

Entre generales, partidos, movimientos, firmas y aspirantes presidenciales, a este paso tendremos que cambiar el mapa de la República Dominicana por un padrón político. ¡Ave María Purísima!

 

Buenos días…


En República Dominicana tenemos generales por montón.  Pero, ¡agárrese de la silla!, también tenemos partidos políticos y movimientos para dar y regalar. Y la lista, lejos de achicarse, sigue creciendo.

Aquí parece que cualquier ciudadano que consigue unos cuantos seguidores en las redes sociales se despierta una mañana, se mira al espejo y dice: “¡Caramba, yo nací para ser presidente!”. Y, como el sueño presidencial viene con combo incluido, algunos hasta se animan a crear su propio partido político. ¡Y ahí es donde comienza la película!

Porque una cosa es querer ser presidente y otra muy distinta es tener una organización política, conseguir firmas, cumplir con los requisitos legales y demostrar que detrás del nombre existe una estructura real. La JCE mantiene un registro de organizaciones reconocidas y, por separado, de agrupaciones que han notificado su intención de buscar reconocimiento.

Aquí viene lo sabroso del asunto. Se ha cuestionado públicamente si algunas organizaciones buscan convertirse en partidos, no necesariamente por una gran vocación de servicio, sino por las ventajas y recursos que contempla la legislación para las organizaciones políticas reconocidas.

¡Ojo! Eso no significa que todos los partidos tengan ese propósito. Pero tampoco estaría de más que la sociedad pregunte, mire los números y exija transparencia.

Porque si seguimos creando organizaciones políticas a este ritmo, cualquier día de estos tendremos más partidos que municipios, más presidentes que votantes y más aspirantes que propuestas.

¡Y entonces sí es verdad que se armó el juidero! 

También hay que hablar de las famosas firmas para solicitar reconocimiento. La JCE debería disponer de mecanismos cada vez más rigurosos para depurar y verificar esas firmas, evitando duplicidades y garantizando que una misma persona no aparezca respaldando varias solicitudes cuando la normativa no lo permita.

Porque, en buen dominicano, una cosa es una firma y otra cosa es prestar la firma como quien presta un lápiz.

Y aquí cabe una pregunta sencilla: ¿cuántas de esas personas que aparecen firmando realmente conocen el proyecto político que están respaldando?

¡Ahora todo el mundo quiere la Presidencia! 

Y en medio de este carnaval político aparecen figuras conocidas de las redes sociales anunciando aspiraciones presidenciales.

Ahora hasta Santiago Matías (Alofoke) y Ángelo Vásquez han expresado aspiraciones políticas o presidenciales, sumándose a un escenario donde cada vez más figuras provenientes de espacios distintos a la política tradicional exploran la posibilidad de competir. ¡Ave María Purísima!

Esto parece que va camino a convertirse en una competencia de: “¿Quién se atreve primero?”

Y uno escucha todo esto y recuerda aquel grito popular: “¿Y es lo que están…?”

Ahora bien, tampoco podemos despachar el fenómeno simplemente como un relajo. La multiplicación de organizaciones políticas puede ser interpretada como una expresión de participación democrática, pero también obliga a discutir seriamente la calidad de esas organizaciones, sus propuestas, su estructura, su financiamiento y el cumplimiento de los requisitos legales.

Porque democracia sí… relajo, no.

La JCE tiene precisamente entre sus funciones decidir sobre el reconocimiento de nuevas organizaciones políticas conforme al marco legal. 

Y mientras aparecen nuevos aspirantes, nuevos movimientos y nuevas firmas, queda flotando una pregunta que merece respuesta: ¿Estamos ante una verdadera renovación de la política dominicana o ante otra fábrica de partidos buscando espacio, protagonismo y recursos?

¡Y suéltalo, que se soltó el loco…!

Ahora vamos para Hondo Valle.

¿Y qué pasó con las funditas de Hondo Valle?

Presidente Luis Abinader. Abinader, investigue también qué habría ocurrido con las funditas que entrega su Gobierno a personas azulitas de escasos recursos en Hondo Valle.

Nos cuentan las malas lenguas que a determinadas “personalidades” les habrían entregado alrededor de 250 funditas, a cada una, para repartir, pero supuestamente se les olvidó hacerlo.

¿Y qué pasó después? Según la versión que nos llega, por causa del olvido, habrían terminado lanzándolas a una cañada contaminada porque, supuestamente, estaban llenas de cucarachas y otras alimañas.

¡Caramba! Si eso es mentira, que lo aclaren. Y si es verdad, que aparezcan los responsables. Porque una fundita destinada a un pobre no es basura política.

Y recuerde… cuando el Estado pierde autoridad, los vivos se multiplican y el pueblo termina pagando la cuenta.

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