La frontera dominico-haitiana: seis años de verja, promesas y una frontera que sigue abierta

Desde 2022, el Gobierno dominicano ha invertido miles de millones de pesos en una verja perimetral, vigilancia tecnológica, soldados y operativos migratorios; sin embargo, el flujo de indocumentados continúa y las propias autoridades siguen reportando decenas de miles de detenciones y deportaciones.
PRIMERA PARTE
Por Augusto Álvarez
La verja fronteriza fue presentada como una de las grandes respuestas del Gobierno de Luis Abinader al problema haitiano: cemento, acero, torres de vigilancia, sensores, cámaras, drones y soldados para convertir la frontera en una barrera contra la inmigración irregular, el contrabando y el crimen organizado.
Pero cuatro años después del inicio de la obra, una pregunta sigue sobre la mesa: ¿puede una verja detener un negocio que aparentemente tiene dinero, rutas clandestinas, complicidades y compradores al otro lado?
La primera etapa de la obra comenzó en febrero de 2022 con una inversión anunciada de más de RD$1,750 millones y una extensión inicial de 54 kilómetros, acompañada de torres de vigilancia, puertas de acceso y caminos para patrullaje.
Posteriormente, el Gobierno informó que la primera etapa alcanzaba una inversión de aproximadamente RD$2,388 millones, con trabajos distribuidos entre Montecristi, Dajabón, Elías Piña, Independencia y Pedernales. Para noviembre de 2024 se reportaba un avance superior al 80 %.
En 2025 se anunció la segunda etapa, con nuevos kilómetros de verja y un sistema de vigilancia que incorpora fibra óptica, cámaras térmicas, drones y sensores de movimiento.
Y en septiembre de 2026 el Gobierno inició la construcción de otros 14.5 kilómetros en Jimaní, como parte de la segunda etapa.
La pregunta no es si la verja existe.
Existe.
La pregunta es si está resolviendo el problema para el cual fue construida.
LA VERJA NO DETIENE EL NEGOCIO
El Gobierno ha defendido la obra como una herramienta estratégica para proteger la soberanía y reducir la migración irregular.
Pero la propia realidad oficial muestra que el problema permanece.
En 2025, la Dirección General de Migración informó que deportó 379,553 ciudadanos haitianos en situación migratoria irregular. La cifra representó un aumento de 84 % respecto del período comparado por la institución.
Y el problema no terminó con 2025.
Durante los dos primeros meses de 2026, Migración reportó 67,940 deportaciones por los pasos fronterizos con Haití.
Para finales de marzo, la cifra acumulada de deportados en 2026 ya alcanzaba 99,268, de los cuales 99,250 correspondían a ciudadanos haitianos.
Es decir: se construye la verja, se instalan cámaras, se despliegan soldados, se realizan operativos y se deportan cientos de miles de personas.
Y el flujo vuelve.
Ahí está el problema.
EL NEGOCIO DE CRUZAR LA FRONTERA
La frontera no solamente tiene un problema migratorio.
Tiene un problema económico.
Cuando cruzar ilegalmente representa dinero, aparece el traficante.
Cuando el traficante tiene clientes, aparecen las rutas.
Cuando las rutas generan millones, aparecen las complicidades.
Y cuando aparecen las complicidades, una verja por sí sola no resuelve absolutamente nada.
En 2025, la Procuraduría General de la República informó que tribunales dominicanos condenaron a militares y civiles vinculados a una red que facilitaba el paso irregular de ciudadanos haitianos por la frontera norte.
Cuatro de los condenados recibieron penas de 15 años, mientras otros recibieron 10 años. La propia Procuraduría calificó la utilización del uniforme militar para facilitar el tráfico como una “afrenta inaceptable”.
Ese caso demuestra algo fundamental:
el problema no está solamente en la persona que cruza.
También está en quien abre la puerta.
¿CUÁNTO CUESTA CRUZAR?
En denuncias difundidas desde la zona fronteriza se ha señalado que el precio del cruce clandestino ha aumentado de manera extraordinaria.
Se ha reportado que pasos que anteriormente podían costar alrededor de RD$3,000 habrían llegado hasta RD$60,000 por persona, dependiendo de la ruta y de las condiciones.
Estas cifras deben tratarse como denuncias que requieren corroboración oficial, pero describen la lógica económica de un negocio clandestino: mientras más difícil se hace cruzar, más rentable puede resultar para las redes que controlan las rutas.
La propia documentación internacional sobre tráfico de personas advierte que los pasos fronterizos informales siguen siendo vulnerables y que se han denunciado sobornos para permitir cruces irregulares.
LA CONTRADICCIÓN
Aquí aparece la gran contradicción de la política fronteriza dominicana.
- El Estado invierte en una barrera física.
- Pero el negocio se adapta.
- Cierra un paso y aparece otro.
- Se vigila una ruta y se abre una vereda.
- Se coloca una cámara y el traficante cambia el horario.
- Se deporta a miles y otros miles vuelven a entrar.
Por eso, la verja puede ser necesaria desde el punto de vista de seguridad, pero no puede ser presentada como una solución completa al problema haitiano.
- La frontera necesita algo más que cemento.
- Necesita inteligencia.
- Necesita investigación financiera.
- Necesita perseguir a los traficantes.
- Necesita identificar a los militares, policías, funcionarios y civiles que facilitan el negocio.
- Necesita perseguir las rutas del dinero.
Porque si se captura al haitiano que paga para cruzar, pero no al dominicano o haitiano que cobra, organiza, transporta y protege el cruce, se está atacando solamente al último eslabón.
SEIS AÑOS DESPUÉS
El Gobierno ha endurecido progresivamente su política.
En abril de 2025, Abinader anunció 15 medidas, incluyendo 1,500 soldados adicionales para la frontera, la ampliación de la verja, reformas legales contra quienes faciliten la inmigración irregular y medidas contra empleadores que incumplan las normas migratorias.
Pero los números posteriores muestran que el fenómeno continúa siendo de enorme magnitud.
La conclusión no es que la verja no sirva.
La conclusión es otra: una frontera no se controla solamente con una pared.
Se controla con inteligencia, tecnología, presencia estatal, justicia, documentación, vigilancia financiera y, sobre todo, con funcionarios que no vendan la frontera al mejor postor.
Porque una verja de hormigón puede detener a una persona.
Pero no detiene una estructura criminal organizada.



