Haità ¿República o ficción?

Es sumamente difÃcil afirmar quién controla al otro lado del rÃo Masacre, donde las bandas criminales imponen las reglas del juego a 11 millones de ciudadanos.
Más de la mitad de Haità está sumida en la pobreza extrema, y de esa cantidad, 1.3 millones bordean la inanición, es decir, se están muriendo de hambre.
¿Es en realidad Ariel Henry quien gobierna en HaitÃ? Juzgue usted. Las bandas criminales controlan las principales vÃas que accesan el transporte e impiden el suministro de combustible de la estatal empresa eléctrica oficial, conforme ha dicho José Davilmer, su director, y esto obliga a adquirir combustible en el mercado negros, donde nunca escasea.
Mientras, los Estados Unidos parecen ignorar su tremenda cuota de responsabilidad con la primera República negra en romper la cadena de la esclavitud, e incluso, ese Haità que aportó a la independencia Norteamericana, y quién sabe hasta donde llegaron los esfuerzos solidarios de nuestros vecinos haitianos.
¿Qué se espera para socorrer a lo que aún queda de Hait�
En Les Cayes, la tercera ciudad de esa ficción que es HaitÃ, el comercio abre sus puertas 3 y 4 horas y cierra, mientras en Jacmel, los artistas, al igual que la población, están a la espera de «ayudas solidarias», las cuales son bloqueadas por las pandillas criminales, impidiendo lleguen a la población.
La muerte violenta en HaitÃ, al igual que los atracos, secuestros y robos, ya forman parte de la cotidianidad. ¿Y qué dice el primer ministro Ariel Henry? Simplemente, nada. Se ignora el alcance de su mandato.
El poder de las bandas ha sustituido el mandato de Ariel Henry, quien alcanzó la presidencia tras el magnicidio de Juvenel Moise. ¿Qué ha hecho con sus ejecutores? Simplemente, nada. ParecÃa como que está protegiendo algo.
Entre las grandes potencias, en especial Estados Unidos y Francia, asà con los que aún quedan con el control de la languideciente economÃa haitiana, se ha podido elevar a otro nivel el sufrimiento de la población, pero, ¿existen beneficiarios de la crisis ahondada por las pandillas?
Parece que sÃ. Pero, además, el olfato de Estados Unidos habrÃa determinado que, en ese mamotreto de paÃs, existe poco que buscar.



