INTERNACIONALES

Trump reconoce capacidad nuclear de Corea del Norte y destaca su amistad con Kim

Washington distingue entre Pyongyang y Teherán, mientras Trump vuelve a colocar su relación personal con Kim en el centro de la diplomacia estadounidense.

 

ESTADOS UNIDOS

El presidente Donald Trump reconoció públicamente que Corea del Norte posee una capacidad nuclear considerable y, al explicar por qué Washington mantiene una postura diferente frente a los programas nucleares de Pyongyang e Irán, volvió a destacar su relación personal con el líder norcoreano Kim Jong-un.

Durante un encuentro con periodistas en la Casa Blanca, Trump fue cuestionado sobre por qué Irán no debería disponer de armas nucleares, mientras Corea del Norte ya cuenta con ellas.

La respuesta del mandatario estadounidense combinó una explicación política con una referencia directa a su relación con Kim.

“Kim Jong-un es mi amigo. Le gusta Trump”, afirmó el presidente estadounidense.

Trump agregó que Corea del Norte dispone de una capacidad nuclear “muy sustancial”, aunque inferior a la de Estados Unidos.

También atribuyó la situación actual a las administraciones estadounidenses anteriores y sostuvo que otros presidentes no hicieron lo que él habría hecho para impedir el desarrollo nuclear norcoreano.

Relación Trump-Kim vuelve al primer plano

Las declaraciones reflejan el interés de Trump en mantener abierta la posibilidad de un nuevo diálogo directo con Kim Jong-un.

Trump y Kim celebraron tres encuentros durante su primer mandato, incluido el histórico encuentro de junio de 2019 en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas.

Desde entonces, Pyongyang ha mantenido y ampliado su programa nuclear y recientemente volvió a reivindicar su condición de Estado nuclear.

El 24 de septiembre, Corea del Norte rechazó los llamados internacionales para detener sus ensayos nucleares y afirmó que su condición de potencia nuclear es irreversible.

Por tanto, aunque Washington y Seúl siguen defendiendo oficialmente la desnuclearización de la península coreana, las declaraciones más recientes de Trump muestran una aproximación pragmática hacia la realidad nuclear norcoreana.

Irán permanece bajo una presión diferente

La situación con Irán continúa siendo distinta.

La Agencia Internacional de Energía Atómica informó este mes sobre incumplimientos iraníes de compromisos de no proliferación y elevó nuevamente el asunto al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Teherán rechaza las acusaciones y sostiene que su programa nuclear tiene fines pacíficos.

Irán también ha advertido que determinadas acciones internacionales podrían impulsar a otros países a abandonar el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP).

Trump, por su parte, ha insistido en que Teherán no tendrá un arma nuclear y ha señalado que Estados Unidos busca obtener un compromiso formal de Irán en ese sentido.

La diferencia entre ambos casos coloca nuevamente sobre la mesa uno de los grandes dilemas de la política nuclear internacional: cómo negociar con un Estado que ya posee armas nucleares mientras se intenta impedir que otro alcance esa capacidad.

Washington ensaya otra vía con Moscú

Mientras Trump endurece su discurso frente al programa nuclear iraní, su administración también explora una fórmula distinta para relacionarse con Rusia.

Según una investigación publicada por The Atlantic, el enviado especial estadounidense John Coale propuso a Trump utilizar la liberación de prisioneros políticos como mecanismo para abrir la puerta a una eventual flexibilización de algunas sanciones contra Moscú.

La iniciativa todavía se encuentra en una etapa inicial y no representa, según la publicación, un levantamiento general de las sanciones estadounidenses contra Rusia. La idea sería negociar determinadas concesiones a cambio de la liberación de presos y, paralelamente, abrir espacios para una mayor relación económica.

Del modelo bielorruso al Kremlin

Coale ya ha utilizado una estrategia similar con Bielorrusia.

De acuerdo con The Atlantic, las gestiones estadounidenses contribuyeron durante el último año a la liberación de alrededor de 500 prisioneros en Bielorrusia. Paralelamente, Washington flexibilizó algunas sanciones y avanzó hacia negociaciones comerciales relacionadas con el potasio, uno de los principales productos de exportación bielorrusos.

Ahora Coale pretende explorar una fórmula parecida con Moscú: liberación de prisioneros, alivio selectivo de sanciones y progresiva ampliación de los contactos económicos.

Entre los sectores que podrían beneficiarse de una eventual apertura aparecen el petróleo, el diésel, los minerales de tierras raras y otras materias primas rusas.

Petróleo, potasa y negocios entran en la ecuación

El propio Trump anunció recientemente que Estados Unidos negocia un “masivo” acuerdo para comprar potasa a Bielorrusia.

Coale confirmó a The Atlantic que Rusia también está involucrada en las conversaciones, debido a las dificultades para transportar el fertilizante bielorruso hacia los mercados internacionales sin pasar por territorio ruso.

El enviado estadounidense sostiene que una mayor interacción económica puede contribuir gradualmente a reducir las tensiones y acercar posiciones entre Washington y Moscú.

La propuesta, sin embargo, ha generado preocupación en Ucrania y entre sectores europeos que consideran que aliviar la presión económica sobre Rusia mientras continúa la guerra podría proporcionar recursos adicionales a Moscú.

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha expresado oposición a un levantamiento de sanciones antes de que termine la guerra.

Diplomacia de amigos, sanciones y negocios

Las dos historias —Corea del Norte y Rusia— muestran elementos comunes en la política exterior que Trump está impulsando: contacto personal con los líderes, negociaciones directas, intercambio de concesiones y utilización de incentivos económicos como instrumentos diplomáticos.

En el caso norcoreano, Trump destaca públicamente su relación personal con Kim Jong-un. En el ruso, su administración explora la posibilidad de combinar liberación de prisioneros, alivio selectivo de sanciones y acuerdos comerciales.

La gran incógnita es hasta dónde puede llegar esa diplomacia transaccional sin entrar en contradicción con las políticas tradicionales de Washington sobre no proliferación nuclear, sanciones y seguridad de sus aliados.

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