¡Contrainteligencia! Narcos barriales usan cámaras para vigilar a policías y agentes antidrogas

Instalan cámaras en postes de luz, árboles y puntos estratégicos para detectar patrullas, seguir movimientos oficiales y, según un informante, “fichar” a agentes que frecuentan los puntos de drogas.
El ojo que no duerme
SANTIAGO, R.D.
En los barrios donde opera el microtráfico, aparentemente ya no basta con tener vendedores, distribuidores y vigilantes en las esquinas.
Ahora también hay cámaras.
Cámaras colocadas estratégicamente, según la denuncia de una persona que asegura haber pertenecido a uno de esos negocios, para observar quién entra, quién sale, qué vehículo se detiene, cuándo aparece una patrulla y, especialmente, cuándo se aproximan agentes de la Policía Nacional o de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD).
Una especie de contrainteligencia de los capos barriales.
Y aquí aparece uno de los elementos más delicados de esta denuncia. El informante asegura que esas cámaras no solamente son utilizadas para proteger los puntos de drogas de posibles intervenciones oficiales, sino también para identificar a personas que, según su testimonio, acudirían periódicamente a determinados lugares a cobrar dinero bajo el concepto de “peaje”.
Se trata de una acusación grave que, de ser comprobada, colocaría el problema mucho más allá del simple vendedor de esquina.
Porque una cosa es perseguir al muchacho que vende pequeñas cantidades en un barrio y otra muy distinta es determinar quiénes permiten que ese negocio funcione, quiénes lo protegen y quiénes podrían beneficiarse de él.
Una red que mira hacia la calle
El microtráfico se ha convertido en un fenómeno persistente en distintos barrios del país. Un reportaje publicado por un diario nacional, en mayo de 2026, describió un mercado de drogas atomizado y extendido por barrios dominicanos, mientras las autoridades han continuado realizando operativos contra ese fenómeno.
Los métodos utilizados para esconder esos negocios también son variados.
Según informaciones recogidas para este reportaje, los puntos pueden camuflarse detrás de actividades comerciales aparentemente normales, incluyendo colmados, cafeterías, discotecas, servicios de entrega y otros negocios utilizados como fachada.
Pero, el informante sostiene que la vigilancia electrónica constituye ahora una de las principales herramientas para anticipar los movimientos de las autoridades.
Las cámaras pueden estar colocadas en postes del tendido eléctrico, árboles u otros puntos desde donde tengan una amplia visión de las calles.
El objetivo, según su relato, es sencillo: ver antes de ser vistos.
Miches: un antecedente bajo la lupa
El informante menciona a Miches, provincia El Seibo, como uno de los lugares donde las autoridades habrían detectado sistemas de vigilancia vinculados a grupos dedicados al narcotráfico y al microtráfico.
Miches, además, ha sido escenario de operaciones antidrogas. En abril de 2026, la DNCD, la Armada y el Ministerio Público ocuparon 19 pacas de hachís durante una operación realizada en la costa de ese municipio.
El relato del entrevistado sostiene que estos sistemas de vigilancia eran utilizados para controlar los movimientos de personas y vehículos que entraban y salían de determinadas zonas.
La denuncia apunta a que ese modelo se habría extendido o reproducido en otros puntos del país.
Entre las localidades mencionadas figuran sectores del Distrito Nacional, Santo Domingo Este, Santo Domingo Oeste, Santo Domingo Norte, Los Alcarrizos, Santiago, La Romana, Higüey y San Francisco de Macorís.
La afirmación corresponde al informante y requiere verificación independiente.
“Las cámaras son para saber quién viene”
El protagonista de esta historia es un hombre de menos de 28 años, bachiller, residente en un sector del Gran Santo Domingo, pero accidentalmente de visita en Santiago, y que, según sus propias declaraciones, intenta alejarse del negocio de las drogas para ingresar a una universidad.
Aceptó conversar con un equipo de Relámpago Informativo bajo estrictas condiciones de confidencialidad: sin celulares ni cámaras. Antes de identificarse, entró tres veces al lugar acordado, observó cuidadosamente el entorno y solo después de comprobar quién lo había enviado al encuentro decidió presentarse y revelar su identidad e iniciar su diálogo.
Tiene, según reconoció, dos registros relacionados con drogas.
Pero afirma estar cansado de esa vida y, sobre todo, preocupado por las consecuencias que pueda tener para él y su familia.
—¿Y por qué te va mal en un negocio que supuestamente deja buenos dividendos? —se le preguntó.
Su respuesta fue directa:
—Porque debía demasiado. Me amenazaron hasta con matarme.
Según su relato, sus acreedores decidieron no eliminarlo porque todavía podía serles útil.
Lo colocaron frente a un monitor.
Desde allí debía observar quién entraba y quién salía del punto y advertir cuando se aproximaban agentes policiales o antidrogas. Es decir, pasó de vendedor a vigilante electrónico.
“Los muchachos te pueden dar pa’ bajo”
El joven asegura que cuando decidió apartarse del negocio comenzó otro problema.
Dijo que simuló estar enfermo para reducir su participación, pero que las amenazas aumentaron.
Según su testimonio, le advirtieron que podían golpearlo, lanzarlo al mar o hacer que “los muchachos te den pa’ bajo”.
—¿Y quiénes son “los muchachos”? ¿La seguridad de la pandilla? —se le preguntó.
—No, claro que no… a quienes ellos les pagan para protegerlos —respondió.
—¿Y quiénes son esos protectores?
—Yo no te puedo decir eso.
—¿Son civiles, militares o policías?
El joven guardó silencio unos segundos.
—Tú sabes…
—¿Qué yo sé?
—Quiénes son los que protegen los puntos —respondió.
La conversación entró entonces en terreno todavía más delicado.
“¿Y las cámaras?”
—Cuéntame de las cámaras.
La respuesta fue inmediata:
—Las autoridades ya han desmantelado algunas en lugares como Miches, Santiago y aquí mismo, en este sector.
El joven sostiene que esos dispositivos permiten identificar los movimientos de los organismos de seguridad y anticipar posibles intervenciones.
Y lanzó una advertencia:
Las cámaras, dijo, son colocadas en lugares estratégicos, precisamente donde las autoridades podrían no sospechar que están siendo observadas.
El “peaje” y la libreta
Pero el señalamiento más delicado vino después.
El informante aseguró que los responsables de determinados puntos llevan registros de los pagos que realizan periódicamente.
Según su versión, los nombres de quienes supuestamente cobran ese “peaje” aparecen anotados en libretas y, en ocasiones, serían tomadas fotografías a distancia.
Esta parte de la denuncia no ha podido ser verificada independientemente por este medio y debe ser investigada por las autoridades correspondientes.
Porque si existieran registros, fotografías, videos o cualquier otra evidencia de ese tipo, podrían convertirse en piezas importantes para determinar si detrás del microtráfico existen redes de protección.
Un negocio que no se combate solamente con allanamientos
La DNCD mantiene operaciones contra el microtráfico en diferentes puntos del país. En agosto de 2026, por ejemplo, informó intervenciones en numerosos sectores de Los Alcarrizos y otras zonas, con detenidos y sustancias ocupadas.
También existen herramientas tecnológicas del lado oficial. La DNCD dispone de cámaras corporales para sus agentes y sistemas destinados a documentar operaciones.
Pero la denuncia recogida en este reportaje plantea otra pregunta: ¿Qué ocurre cuando quienes están siendo perseguidos también tienen ojos electrónicos en las calles?
Porque entonces la batalla deja de ser solamente contra quien vende droga.
También se convierte en una lucha por la información.
- Quién observa a quién.
- Quién avisa.
- Quién llega primero.
- Quién desaparece antes de un operativo.
Y, sobre todo, quién puede enterarse con anticipación de que la autoridad viene en camino.
“Estoy harto de esa vida”
El joven terminó la conversación visiblemente nervioso.
Miraba hacia los lados constantemente.
Antes de marcharse, insistió en que las cámaras están ubicadas en lugares estratégicos y que los responsables de los puntos conocen perfectamente la importancia de vigilar los movimientos externos.
Su decisión, según dijo, es abandonar definitivamente ese mundo.
Pero salir del microtráfico, al menos según su relato, no resulta tan sencillo como dejar un empleo.
- Hay deudas.
- Hay amenazas.
- Hay personas que saben demasiado.
Y hay quienes, según su testimonio, no quieren que los que conocen el funcionamiento interno de esos negocios hablen.
Este joven decidió hacerlo.
Ahora corresponde a las autoridades determinar qué parte de su denuncia puede ser comprobada, quiénes aparecen detrás de esas cámaras y si existen realmente redes de protección alrededor del microtráfico.
Porque si las cámaras están mirando a la Policía y a la DNCD antes de que lleguen los operativos, entonces hay una pregunta que queda sobre la mesa: ¿Quién está vigilando a los que vigilan?



